jueves, 24 de diciembre de 2009

Un Mail de Septiembre

El viernes después de las siete de la tarde el 151 está lleno de gente que vuelve de terapia. Por eso cuando hablo desde el celular con T para juntarnos a cenar, le miento. Había dicho la verdad a la tarde frente al resto de los amigos en la facultad, eso de ” tengo una tía viviendo en Perugia que vino a pasar unos días a Argentina y que eso explicaba mi faltazo a la salida del martes ” Lo que pasa es que una frase así nunca puede ser cierta nunca. Tiene el problema de esas realidades que cuesta mucho que no suenen a estrepitosas excusas. Pero el mismo viernes, ya casi de nochecita, decido escapar a la verdad.
Lo hago con convicción: “unos trámites por Palermo que pidió mi viejo”. Confesar en pleno bondi que vengo del psicólogo, lejos de generar cierto repudio no haría más que exaltar la condición de los escuálidos viajantes que me acompañan generando la fábula de la empatía ¿ Por qué debería gritar que vengo de análisis?,¿ por qué tendría yo que asumir el rol de unificar a este conjunto de expertos clase media que vuelven a su casa escuchando Calamaro, pasando hojas rápido de algún libro de Galeano o con un apunte de facultad subrayado con lápiz Fabercastell negro y rojo 2B?. Aparte no diría nada que no sepan. Muchos pasajeros hasta se regocijan cuando se toman el 151 volviendo de terapia y reconocen a otros que andan en la misma.
Desde que mi vida se transformó en una novela caribeña de discreto presupuesto me pasan cosas casi todos los días. El plato del viernes a la noche esta vez es muy suave, por suerte, porque no estoy con pilas para un nuevo capítulo. Al colectivo se suben dos
chicas: una de ellas tiene tres estrellitas tatuadas en el cuello y una en la frente; la otra, bueno bien fea pero agradable. Tengo el mp3 puesto. Ya pasó el disco de Kevin Johansen(nadie dijo que yo escapaba a la lógica 151) y suena ahora el fabuloso disco de Flaming Lips que me recomendó Locus, fiel exégeta de las necesidades musicales de mi estado de ánimo. Lo tengo al palo así que no entiendo qué dice la fea cuando me empieza a hablar. En el medio de un “me bajo en esta o en la otra” me advierte que ella es amiga de Ma., que se acuerda del último cumpleaños de la amiga en común y de cómo yo llegué con la noticia de que otro amigo había dejado embarazada a su novia. Está hablando de S , mi compañero de banco en primer año, el primero( y único) que se casó y el primero que tuvo un hijo. Un pibe que en las fiestas de primer año se apagaba fósforos en la boca. Tiene sentido. El primer día de clases, una profesora nos preguntó que nos gustaba hacer en nuestros tiempo libre y S. dijo “ ir al circo”. Me veo obligado a pensar en círculos cerrándose. S. terminó el secundario hace rato: vive con su mujer,
tiene deudas y una hermosa biblioteca. Bajamos los tres del colectivo y vamos para el mismo lado. Hago la pregunta obvia: “ ¿hace cuánto que no ves a Ma ?”  Responde que estuvo por ir con ella al recital beneficio de una Escuela.
Aprovecho y les cuento ( tratando de incluir a la de los tatuajes) que gracias a ese evento de mierda se me terminó la adolescencia. Fue el año pasado, cuando Spinetta en medio del ultra hit de Pescado Rabioso cambió la letra y sustituyó el “ y así verás lo bueno y dulce que es amar” por un menos sugerente y “así verás lo bueno y dulce que es respetar las normas del tránsito”. Prosiguió después con la canción “ Ya despiertate nena, sube al rayo” . Claro que ya no importaba. Nos miramos con mi amigo Chiken porque no hacía falta hablar. Se había terminado el secundario. El colegio no llega a su fin con la fiesta de egresados, no me jodan, se acaba mucho después. A algunos, incluso parece no terminárseles nunca. A nosotros ese dispositivo se nos quebró aquella noche de miércoles en Obras Sanitarias. Después del Flaco, tocó la Bersuit pero nosotros ya estábamos comiendo un derrotado pancho sobre Crisólogo Larralde.
Si todo sale bien, este es el último mail que mando desde este laburo.
La semana que viene parece que arranco en una oficina para personas en peligros de extinción o algo así en la ciudad de Buenos Aires. Cuando le comenté a Octaviton que no me acordabael nombre del nuevo trabajo pero que me sonaba a eso, me respondió con su habitual cara aburrida que iba a tener mucho trabajo porque al fin y al cabo todos estamos en peligro de extinción.El último mail desde el trabajo donde empezaron los mails. Se termina de nuevo la adolescencia.Ayer hablé con Locus sobre las relaciones con las mujeres, mi historia, su historia. Surgió algo acerca del paralelismo entre el “amor” y el “fármaco”, sucarácter bifronte. El fármaco, como veneno peroa la vez como remedio. Este es mi último mail.

 

jueves, 17 de diciembre de 2009

Verano


Hay ciertos silencios que no tiene mucho sentido explicar.
Posteo después de bastante tiempo y por primera vez algo que no es mío.
Pero el año termina y se viene enero. Enero habilita ciertas
conductas que durante el resto del año uno no se permite.

"Enero es el mes en que la ciudad se toma vacaciones de habitantes, y se descubre
vacía a horas impensadas. Enero es el falso comienzo, la señal de largada que no acatamos, porque todo lo posponemos para marzo. Es el mes libre de obligaciones, porque no queda nadie que reclame nada. Es el momento en que se cierran los libros que han de leerse por obligación, y se abren sin culpa los Stephen King o Agatha Christie. Es el mes en el que descubrimos libros olvidados por otros en casas alquiladas y en hoteles, mientras dejamos nuestros propios libros olvidados. Es el mes en que el teléfono se vuelve tímido, y en cambio se dejan oir, extrovertidos, mosquitos y ventiladores. Es el mes en que tomamos valor y nos metemos debajo de la ola, para proclamar después, tiritantes y azules, "El agua está caliente". Es enero y tenemos permitidas todas las mentiras, porque en enero también la verdad se toma vacaciones."( Pablo de Santis)

domingo, 21 de junio de 2009

Ahí Va

Manténgase en forma, haga ejercicio después del trabajo.
Utilice escaleras en lugar de tomar ascensores.
Siempre que pueda camine aunque sea distancias cortas.
Las sugerencias forman parte de un volante blanco y negro doble faz campaña del Ministerio de Salud. Está en el suelo y tiene la marca fuerte de una zapatilla como si recién alguien lo hubiera pisoteado.
Quizás escriba alguna vez un libro de poesía sobre las personas que acompañan a los enfermos en los hospitales. O una novela corta.
_Señor editor acá le traigo la novela corta sobre enfermos en hospitales que me encargó.
_Pero si jamás le pedí algo así. Escriba historias de amor en una oficina, algún ensayo sobre marxismo y posmodernidad. O tal vez sobre marsupiales. Hay un fulano que vendió en Bélgica diez mil ejemplares con un libro acerca de los marsupiales. Pero sobre enfermos en hospitales no. Nadie quiere leer de los hospitales.
_Es sobre hombres en hospitales, no sobre hospitales.
_Da lo mismo, nadie compra un libro así.
Mi viejo ronca a más no poder. No se cómo se las arregla para dormir con el calor que hace en la habitación. La luz que entra por la ventana se le clava en la cara y perfora su perfil arrugado. Aparte hay ruido en los pasillos: enfermeras que se gritan y radios a medio encender que se pisan unas a otras.
Mi papá nunca fue de esos tipos que cuando se mueran la gente vaya a hablar de lo buena persona que fue. Y no porque haya sido de los malos. Pero hay algo en su personalidad , en su forma de ser que no permite esa actividad póstuma. En algún punto me alivia.
En un tacho de basura al costado de mi asiento hay vendas con sangre de un paciente anterior, los fierros de la cama donde duerme papá están oxidados. El baño es de los más sucios que ví, la pileta de lavarse las manos está manchada con mierda y la habitación en su conjunto se zarandea en un racimo de olor fétido. Las primeras horas tenía que respirar por la boca, ahora ya me acostumbré y hasta me animo a tomar aire profundo cuando quiero relajarme. Lo largo lentamente por la boca. Me prometo de ahora en más hacer ejercicio después del trabajo y las distancias cortas tratar siempre de caminarlas. Usar escaleras ni en pedo. Las odio, me generan algo como un mareo. Si veo alguien que baja me vienen unas ganas tremendas de empujarlo o ponerle el pie para que tropiece y se mate.
Traen una especie de almuerzo para el enfermo. Trato de despertarlo para que coma algo pero no hay caso. Unos arañados balbuceos expresan su voluntad de seguir durmiendo.
Miro las paredes húmedas y las ventanas con mosquitero que dan a un patio interno.
En este lugar se está por morir mi viejo.