
Nueva colaboración para los amigos de Andén

Suelo morirme a las mañanas, justamente a la hora de guardar el escarabajo de oro en el portafolios cuando el andén de Constitución recibe los últimos boqueos de mi subterráneo y el reumatismo que ya me perdió el respeto me palmea confianzudamente la rodilla al levantarme. Suelo morirme a las mañanas, casi sin odio le digo no va más a tanta cosa ardiente que me brota. ¿De dónde? Y un dos un dos el viejo embozalarse molinete. el viejo insomnio trepando pasamanos. Un dos un dos. Un poco de fatiga y la bufanda y la piel de aguantar hasta el dedo del jefe en mis papeles, y me muero, acudo al Equanil, recuerdo deudas, me grito pobre tipo y ya me estoy tocando la calvicie y ya salgo a comprar comprando bicarbonato, me doy un tironcito a la mortaja y chau me quedo muerto. Pero ocurre que a veces, a veces porque sí, por primavera, por cuento, por salir o por muchacha me vuelvo inteligente solidario, se de pronto quien soy, donde piso, se me viene un pasado a la memoria y me nace un futuro en la garganta, crezco en el tiempo y me circulo entero. Y ya me nace la palabra hombre y el prodigio de ser hasta el zapato de puro estar cambiando el universo creyéndome y creyendo, creyéndome y creyendo cuando le planto un “no” como una casa al jefe, al comisario, a Jesucristo. Cuando me doy en Cacho para siempre haciendo lo que hago, cosas, cuentos pateando la tristeza, alborotando, dando mi piel caliente, mis dos manos. Este soy yo venga una copa y cante que tanto fin de mes ni tanta cuenta , sí el hermanito Zeus me hace la seña del as y voy matando, y voy matando sombras degollando muñecos de aserrín que dicen dónde nos lleva este sufrir sufriendo y hasta cuando hasta cuando me saquen a tirones de esta ciudad que es hembra y me responde que todo el aire es canto y voy cantando y entonces sí, entonces sí compadre, resucito, siento mis pies que pisan y prometen se me va el reuma, el hígado, el resfrío, ando de Constantini hasta los pelos, digo gran puta lo que soy viviendo, le aprieto la cintura a Buenos Aires, le hago un hijo de sangre, canto y cuento y salgo a caminar con tanta vida con tanta cosa ardiente aquí en el pecho.

“La natación es lo mejor que hay” se cansan de decir los giles de siempre. ¿Quiénes? Bueno los que simplemente repiten, en realidad no serían giles sino repetidores, llamemos las cosas por su nombre. “ Pasa que movés todos los músculos del cuerpo” explican con gesto adusto , como si estuvieran dando un final para recibirse de kinesiólogos.