Cada vez más mundializados.Otro onda más de oncedelanteros...

“La natación es lo mejor que hay” se cansan de decir los giles de siempre. ¿Quiénes? Bueno los que simplemente repiten, en realidad no serían giles sino repetidores, llamemos las cosas por su nombre. “ Pasa que movés todos los músculos del cuerpo” explican con gesto adusto , como si estuvieran dando un final para recibirse de kinesiólogos.
Si fuiste uno de esos nenes con padres que te hacían mear en la calle quizás no seas consciente que es algo que te marcó a fondo. El pudor ya está inscripto de una manera especial en tu cuerpo y no necesariamente ahora sos un tipo que se pasea en bolas por las playas de Cabo Polonio.
Es para avergonzarse eso de que tu vieja te baje el short en pleno Blanco Encalada y te mande atrás de un árbol moribundo a hacer pis; tenía cinco o seis años y me parecía un momento de mierda. Entonces empecé a aguantarme las ganas y como por suerte no era de los que se hacían encima, aguantaba estoicamente hasta alguna parada en un baño de verdad.
Si te hacen hacer mear en la calle también aprovechan para pasearte en cuero ante la primera oportunidad. El “ Mojate la cabeza que te vas a insolar ” siempre está acompañado de un “¿ con este calor en remera ? Sácatela que sos varoncito y podés”. Y entonces andás con la panza al viento y entrás en la heladería donde están todos con remera y como es Belgrano encima hay muchos en chomba o camisa, es que en esos barrios hay mucha gente que se visten así hasta los domingos. O te tomás el ascensor, salís apurado porque no querés cruzarte con los vecinos pero al portero no lo podés eludir. Y te para en seco, él que a menudo es macanudo y te hace chistes sobre lo mal que va Boca, porque antes a Boca le iba mal, pésimo. Perdió tres a cero con Central la semana anterior y lloraste, es que es de las cosas que más te importan. Tu viejo te lleva poco a la cancha y cuando lo hace a las duras penas podés dormir la noche anterior por la ansiedad: te levantás temprano y hacés papel picado con los clasificados, después leés las formaciones de los equipos en el diario y la mañana se hace chicle. Rompés los huevos tanto que tu papá acelera los tiempos y salen temprano y terminan enganchando casi todo el partido de reserva.
Lo cierto es que el encargado te sigue mirando fijo y a vos te asusta, tanto que no escuchás cuando te habla pero sabés que hace referencia a que “no está bien andar sin remera por el pallier”. No le ves la cara porque preferís mantener los ojos a la altura de sus brazos donde el overol azul arremangado deja ver su antebrazo de boxeador amateur.
Y a vos te mata porque ni siquiera tu abuela está cuerda. Un día te lleva a pasear por Barrancas de Belgrano, te compra figuritas del mundial y aunque te toca Peter Rufai, ese arquero de Nigeria con la cara llena de pozos que lo tenés repetido hasta el hartazgo, también sale Alexis Mendoza: un defensor colombiano que es difícil y ahora te faltan sólo dos escollos para terminar el álbum: el arquero de Estados Unidos Tony Meola y una doble con dos suplentes de Corea del Sur. La tarde tiene todo para ser genial cuando le das un mordisco a la manzana acaramelada y rompés ese delgada capa dulce con un canino que está a tres semanas de caerse. Pero a tu abuela se le ocurre llamarte a un costado y susurrar como si alguien la estuviese grabando que por favor le hagas de campana porque se está haciendo encima. Entonces tragas saliva y obedecés resignado. La ves agachándose cerca de los arbustos y no querés más.
Entonces debe haber algo de todo eso dando vueltas cuando hacés la costa uruguaya y no te cabe tomar el jugo de arándanos en esa playita medio nudista que está escondida entre Valizas, Punta del Diablo y otro paraje de nombre ridículo. Y cuando la chica te dice que le gustaría quedarse ahí un par de días empezás a titubear y lo único que se te ocurre decir es que ya reservaste en La Pedrera.
“ El único templo que nos queda es el espacio literario. Y ya no hay sacerdote”
(Aguirre, en ese curso con “power” de los miércoles a la tarde)
I .
Los que viven presos de los lugares comunes encarnaron desde siempre la postura falsamente audaz de que el viaje arranca cuando se sacan los pasajes. Durante los últimos años, en cambio, se estuvo bajando fuerte la línea de que en realidad todo comienza cuando cargamos el mp3. Es el momento para apostar por lo que escuchamos durante el año o jugárnosla por nuevos discos corriendo el riesgo de quedarnos sin canciones cuando más se necesitan. Claro que desde la generación de mp3 con gran capacidad, esta tesis se desdibujó bastante. Los ipods de 80 gigas te vuelven omnipotentes. Pensemos en los yanquis en Bolivia: su moneda vale diez veces más y pueden escuchar toda la música que se les cante. Resulta difícil de comprender cómo directamente no se tiran todos de bomba al Titikaka y se rompen la cabeza.
Quizás lo más acertado resulte afirmar que el viaje arranca cuando escuchamos el primer tema atinado fuera de nuestra ciudad de origen. O cuando nos agarra la primera diarrea.
II.
La mira fijo pero ella ni bola. Se acerca todavía más y por fin su mirada se choca con la de él.
_ Te conozco de algún lado , dice ella con voz tenue.
_ Y yo hace años que estoy enamorado de vos, le responde.
III.
El colegio no le sirvió para nada. Es el anormal, el que la institución no moldeó, “la falla”. Es “la falla”, le encanta ser “la falla”. Tendría que hacer algo con eso. Lo echaron de cuatro colegios, nunca entendió cómo multiplicar con dos cifras, separar sujeto de predicado ni la fotosíntesis.
IV.
A San Lorenzo le cantan mucho que ” de los grandes es el más cagón”. Diego Torres de los grasas es el mejor. Lejos.
V.
¿Qué será de la vida de Chichi Peralta?
VI.
El otro domingo que estaba con L., después de una hermosa tarde compré un barrilete por diez pesos. El vendedor aseguró que el precio incluía una aplicación de off y cumplió. Nos roció todas las piernas y la espalda hasta que empezamos a estornudar. Todavía no lo remonté pero va a ser mi amuleto para combatir este marzo.
También nos regalaron unos fresbees(¿se escribirá así?) amarillos impresos con la consigna “ Haciendo Buenos Aires”. Como ella no lo quiso me quedé con los dos para hacer un regalo en chiste que al final siempre me olvido. Tengo los fresbees en mi mesa de luz hace varios días. No me los puedo sacar de encima.
VII.
Siempre me generaron cierta tristeza los tipos que laburan de serenos. Largas noches solitarias luchando contra el sueño con la ayuda ramplona de una AM a medio sintonizar. El objetivo único de festejar el avance de la noche para que amanezca y entonces dormir a contramano.
¿Y los bañeros de piletas?
Ni siquiera pueden dormitar: horas y horas mirando a la viejas haciendo acuagym, oliendo cloro y pensando en nada hasta recalentarse la capa más delgada del cerebro. Entonces, caminan hasta el borde mirando de reojo la pileta de los nenes porque no vaya a ser que justo uno empuje a otro y lo mate. Se agachan, meten una mano en el agua y dejan caer unas gotitas en la nuca. Atenuada la explosión cerebrovascular vuelven a su sillita. Miran un culo mas o menos bueno cada tanto, pero eso no termina de justificar la jornada de trabajo.
Volviendo a los serenos, un amigo me aclaró bastante: “Si te ponés a pensar no es un mal trabajo, te asegura una cantidad increíble de tiempo para poder escribir sin que nadie te moleste”
Los porteros son otra cosa. El que pone al mismo nivel al portero y al sereno no entiende nada.
Los serenos no cambian cueritos ni manguerean la vereda. Los porteros hacen mil cosas, hasta los más vagos
El último portero de mi edificio se apostó la plata de todas las expensas de Agosto mes en el casino y se fugó. Quedó su mujer que es muy simpática y hace unas tortas increíbles.
Lo cierto es que los serenos me dejaron de dar esa cierta lástima. No sé si desde que me enteré que escriben cuentos mientras uno duerme o desde que empecé a trabajar .
Tampoco supe si el portero que nunca volvió había ganado o perdido en el casino.