domingo, 3 de marzo de 2013

Country Story - Parte II


A los quince años Gus era virgen y anotaba cada película que veía en una libreta. Registraba el  nombre del director, los actores principales y le ponía una nota que siempre redondeaba para arriba. Disfrutaba más del momento de calificación que de la película en sí.
Cuatro años después, le hablaría  a Mara de ese hábito a la salida del Belgrano Multiplex pensando que eso podía sumarle. No se equivocó  porque terminaron de novios todo el año del CBC,  clave, porque esa relación le dio un ejercicio  sexual que no se consigue en  todas partes.
Pero a los quince, Gus todavía era virgen y pensaba que debía pasar las 207 películas vistas a un archivo de Excel teniendo en cuenta lo esforzadamente pequeña que venía siendo su letra para entrar en las hojas de la libreta.
Andaba parejo el tercer año del secundario de Villa Urquiza: la mitad de los pibes habían debutado y la otra mitad todavía lo miraba desde el banco.  El número uno era “Cheto” que no se había ganado el apodo por ir de shopping ni por estar gravado con ganancias sino a través de la degeneración de su apellido “Edtcheto”. Pero el pibe neutralizaba el apodo con triunfos: lucía desde primer año una zarpada barba,  daba la impresión de venir cogiendo desde el jardín de infantes y ahora, encima se bajaba a las de quinto. En el otro extremo estaba el Gordo Bender que con una singular capacidad para acumular tics nerviosos, iba depositando con la sumatoria de ellos cualquier posibilidad de garche en una galaxia más alejada.
 Y en el medio estaba el resto pero con una sostenida tendencia hacia al debut. De hecho cuando Domi, el  mejor amigo de Gus, le contó que finalmente la había puesto con una del club, sintió que ahora  sí le tocaba a él.
_ Igual es bastante putona , dijo Domi con sinceridad.
Pero Gus ya no lo escuchaba y  sentía que le habían colgado  una mochila cargada de  arena en la espalda.
_Fill in the gap with the words of the list, repitió Bitch.
Bitch era la profesora particular de inglés que preparaba a  Gus y a Lucas para dar el Advanced , exámen que viene después del First y antes que el  Proficiency.  Después ya no hay nada, bah  ahora inventaron los grupos de conversación en confiterías.
Bitch no era mala profesora y trataba de poner en las clases material  audiovisual para que no sean aburridas,  pero igual  cuando Lucas empezó con el apodo,  Gus lo bancó rápido. No podía  soportar que le metiera tanta pausa a las películas para forzarlos a hacer entre escena y escena ejercicios por escrito. Para eso era preferible limitarse a hacer essays o letters of complaint.
Gus había decidido que  las películas que veían en las clases no  se anotaban en su libreta.
“Día de bitch”  decía Lucas puntualmente cuando se encontraban  a las 17: 30 en la puerta del edificio que Bitch usaba para dar las clases, “bitch (…) puta” agregaba como si hiciera falta traducción. El lugar era  un bloque gigante ubicado en Barrancas de Belgrano, de esos que para acertar el timbre hay que ubicar con el dedo índice primero el piso y después recién ir por la letra del departamento en una fila que iba hasta la “k”. Esperaban hasta y treinta y cinco abajo porque habían calculado que entre esa demora y lo que tardaba el ascensor perdían  diez minutos netos de clase.  En general andaba por ahí  Candido, el encargado del edificio, un tipo al que le costaba mucho entablar cualquier conversación  sin terminar insultando._ ¿Cómo están chicos? arrancaba siempre cordial. Pero al toque algo se le desconfiguraba y pasaba a agarrársela con la filtración de alguna vieja que al parecer era hijadeunagranputa e imposible de solucionar.
Un martes invernal Gus  caminaba bastante preocupado las quince cuadras que lo separaban del edificio de Bitch. Lo hacía con la mirada en el piso,  sólo despegándola para cruzar Cabildo y para después comprar un paquete de Mogul que liquidó de a dos gomitas en menos de un minuto. Cuando llegó, pudo ver a Lucas que había dejado su bicicleta apoyada en la pared opuesta a la del  portero eléctrico y lo saludaba con un resignado:_ Hay bitch hoy, qué paja.
Mientras esperaban a que se hicieran y treinta y cinco  vieron cómo dos pibes de unos veinticinco años  iban probando timbres, por lo que escuchó Gus se debatían entre el octavo “c” y el “ k”. Uno de los dos,  que andaba en remera a pesar de que era un día para buzo mínimo se dirigió a los chicos y les preguntó: _ ¿Las locas es el “c” o el “k”, saben? Gus que no había  entendido la pregunta  se quedó callado mientras que Lucas empezó a preguntar de qué locas hablaba cuando emergió desde el hall central Candido que abrió la puerta y los hizo pasar con cara de que los estaba esperando.
¡Locas, hay locas! gritó Lucas mientras sonreía.
¿Locas? preguntó Gus, todavía desconcertado.
_ Sí Locas, putas, prostitutas  enumeró Lucas  anulando cualquier posibilidad de duda.
La bicicleta de Lucas hizo que entraran apretados en el ascensor de tal forma que no podían mirarse, pero no hacía falta, no necesitaban cruzar miradas para saber que la re contra iban a hacer. Gus no sabía demasiado de su compañero de inglés, le caía bien pero ni siquiera eran amigos, los había juntado Bitch porque estaban preparando el mismo exámen. Debe estar en la misma que yo, pensó Gus, mientras se abría la puerta del departamento donde se daban las clases y se retiraba una alumna que rondaría los cuarenta años.
La clase de ese día fue particularmente desordenaba. Sumado a que los dos ella entraron  dispersos, en nada  cooperó la tremenda baranda a faso que se colaba desde el departamento de al lado. Lucas pateaba a Gus por debajo de la mesa para  señalárle que Bitch no se había dado cuenta del olor y él trataba de contener la risa que aunque incipiente, terminó delatándolo.  La profesora le preguntó si tanta gracia la causaba el peinado pasado de moda que llevaba Sue, personaje  del student book con el cual estaban ejercitando. Y ahí sí, Gus estalló con una carcajada incontrolable que incluyó lágrimas y hasta un pedido para ir al baño a lavarse la cara.
_ No podemos ir cualquier día, mirá si estamos entrando y justo nos pesca Bitch, dijo Gus mientras se despedían en la vereda.
_ Los jueves después de nosotros viene los empresarios, Bitch contó que hacen el intensivo. Eso nos da una hora y media para ver a las locas y después irnos sin cruzarnos con ella. El jueves vamos, propuso Lucas.
_ ¿Hacen el intensivo, estás seguro? preguntó Gus sorprendido ante el ataque de logísitca de su compañero.
_ Sí, sí y el intensivo dura dos horas,  yo la escucho, no como otros eh, la voy a romper en el advanced si sigo así,  contestó Lucas con cara de feliz cumpleaños mientras se subía a la bici. Se dieron la mano y Gus emprendió la vuelta a su casa: ya era de noche y para agarrar Echeverría tuvo que esquivar a un mendigo con frío  que le pedía una colaboración.
Esa noche tuvo dos sueños: uno porno con las locas  y otro paseando por los bosques de Palermo con Sue, ella vestía un conjunto deportivo adidas todo turquesa y hablaban de actores de cine que a ella le gustaban.
 La noche siguiente no durmió ni soñó.
El jueves de colegio fue interminable, lo carcomía la ansiedad por lo que se venía a la tarde.  La última hora se le  consumió mirando a Cheto y  pensando lo mucho que se le notaba que cogía: se deducía de la forma  en que estaba sentado, de la mirada que ponía ante el relato de la profesora y en la forma en que dibujaba el logo de Ac Dc sobre las fotocopias del libro de historia argentina de  Luis Alberto Romero.
En su casa lo esperaba un almuerzo de milanesas y ensaladas que apenas probó.
Se encerró en la pieza, abrió el Excel y empezó a pasar la libreta, se prometió no parar hasta las cuatro y media que era la hora de cambiarse y salir.  Cuando por fin llegó la hora iba por la setenta y cinco que era una cualquiera. Película: Cálculo Mortal; director: Barbet Schroeder; actriz: Sandra Bullock,  puntaje: siete.
Qué manera de regalar nota, pensó, mientras se abrochaba el cinturón de jean y agarraba una mochila con el logo de una banda de música apenas visible por las inscripciones en liquid paper que lo tapaban.










miércoles, 20 de febrero de 2013

Orgía de los Enamorados

http://orgiadeprimavera.tumblr.com/


La primera vez que me enamoré tenía nueve años y estaba en Brasil. Su nombre era Juliana pero como las cosas funcionaban en portugués, se llamaba, en realidad,  “Shuliana” y eso lo cambiaba todo. Andaría por los doce y era la nieta del intendente del pueblo costero donde mi abuelo había comprado una casa.
La conocí el día que decidí dejar de pasarme toda la tarde escuchando el walkman o,  mejor dicho, el día que junté los huevos para cruzar la calle y preguntarles a los chicos que jugaban en el jardín de enfrente si podía sumarme. Diogo, que se presentó como el hermano mayor de la familia dijo que no  le molestaba la participación de un argentino, que estaban jugando a las escondidas y que la prenda para el perdedor era ponerse en calzoncillos, entrar a su casa y pedirle a la  abuela un vaso de leche.
Ya no podía echarme atrás así que respondí en portuñol que me parecía todo muy bien.
Alguien dio la orden de inicio y al toque sentí a Shuliana que agarraba mi  mano y  decía  que el escondite perfecto era el paraíso.
Corrimos un trecho largo hasta que el  terreno se hizo descendente, nos adentramos en unos árboles, empujamos unos arbustos,  escalamos más de una  roca y por fin llegamos.
El paraíso era una caverna limpia rodeada de flores con un piso de arena mostaza que entraba mansamente en contacto con el mar.  Recién ahí dejó que nuestras manos se soltaran. Mirándome a los ojos dijo que era paulista y que eso era bien distinto a ser paulistano porque los paulistas vivían en la Capital y los paulistanos en el  resto del Estado. 

viernes, 18 de enero de 2013

Country Story – " Lote 63 "


Gus bajó de la autopista y quedó depositado en la entrada.
A menudo, para llegar a esos lugares es necesario perderse un poco: pasar una estación de servicio, tomar de referencia un puente, preguntarle a una vieja.
Pensó que estaría bueno no frenar y llevarse todo puesto. Estaba para algo así: un ingreso con pompa, sin pedirle permiso a nadie. De Gaulle entrando a Paris.
Pero sus impulsos triunfalistas, como de costumbre, fueron evaporándose y de repente pudo sentir emergiendo una cara de tipo solvente,  esa que le venía saliendo cada vez mejor desde que había cumplido veintiocho.  Fue tal  la efectividad de la pose (ojos ligeramente hacia los costados, mano en la pera)  que en unos segundos la barrera que impedía la entrada al country se abrió de par en par y el de seguridad acercó un planito sobre el que dibujó una flecha azul cuyo trazo  desembocaba en el lote 63.
_ Al  boludo de de atrás le revisaron el baúl, dijo Chucky que viajaba en el asiento de acompañante.
Y como si lo  hubiera dicho sólo  para entrar en calor con un stand up, sentenció: _en los countries no hay gente caminando, sólo trotan o usan el auto ¿ es buena esa , no?, preguntó retóricamente para al toque responderse: _pero  choreado de Claudia Piñeiro, no la inventé yo.
_ Mirá justo! gritó, con tono de plateista que viene vaticinando que el gol va a ser de corner.
El auto iba a diez por hora mientras eludía carteles de “vaya despacio” así que  los dos pudieron ver las miles de gotas de transpiración en el torso desnudo de un pelado que venía al trote suave mientras hacía  muecas de esfuerzo.
Contra los pronósticos, llegaron al lote  63  con facilidad y cuando estuvieron delante de la casa (que era enorme) se bajaron lentamente del auto como suele suceder cuando se llega a un cumpleaños y sólo conoce al cumpleañero. Lo primero que vieron fue a una mujer jóven con delantal que parecía ser la empleada doméstica y a una nena con pinta de ser su hija: tendría unos diez años, llevaba bikini y caminaba detrás de ella persiguiéndola.
Mientras buscaba al cumpleañero, Gus hizo un paneo general que  le permitió detectar mucho huevo y a una piba a la que conocía de alguna parte.
_En estos lugares no te hacen una bondiola ni en pedo ¿viste? comentó Chucky mientras iban por la décima porción de pizza a la parrilla que, a esa altura, era con champiñones y morrones. Gus  contestó que el Cynard con pomelo estaba muy bueno y para reforzar la opinión se sirvió un vaso completo  que arrastró a la pileta y dejó apoyado en el borde mientras se sumergía.
Al salir, no lo vio por ningún lado. Dudó de la chica a la que conocía de alguna parte pero  estaba bastante alejada charlando animadamente con un semicírculo de varones.
El enigma se resolvió por sí sólo cuando el cumpleañero se acercó y le dijo un poco avergonzado: _“mi mamá no quiere que se tome en la pileta, te puse el vaso en la mesa, pero se está armando un fútbol, ¿te prendés? ”.
Gus estaba lesionado pero no dudó en contestar que sí.  En realidad habría jugado de marcar a Cristiano Ronaldo con tal de alejarse un poco de la pileta y el vaso. Pudo ver a la distancia a  Chucky haciéndole un gesto con un vaso de plástico de que ni en pedo jugaba.
El fútbol era un terreno de seguridad, sabía que aún lastimado no desentonaba. Se acordó de los panyquesos del colegio,  la tranquilidad de saber que lo elegían entre los primeros y la lástima que le generaban los que jugaban mal o directamente no jugaban. En su escuela, quizás por ser privada y con perfil progresista había curiosamente un número muy alto de pataduras lo que potenciaba sus virtudes.
En el camino a la cancha,  los amigos del cumpleañero le informaron que como en todo buen country  se jugaba en patas. Escuchó detrás suyo un grito: _¡ bostero,  eh bostero asqueroso!
 Sintió cómo  le tocaban la espalda:_ ey bostero mugriento, ¿cómo estás tantos años?
Gus se dio vuelta para encontrarse con la figura de un pibe de su edad  pero tostado,  forzudo y con una gran sonrisa que le preguntaba _ ¿no me reconocés?, _ Soy Martín, Martín Bender.
Recién entonces, Gus pudo descubrir en esa  maya de bermuda y  abdominales de propaganda al gordo Bender.
_ Soy el gordo Bender, dijo el gordo Bender que por nada en el mundo bajaba la intensidad de su sonrisa. _Estás hecho mierda, chabon, qué alegría verte! Qué contás?, gatilló.
 Y tenía razón. Gus  estaba según sus propios dichos en un pésimo momento.   Aparte le daba una  paja tremenda hablar con el gordo Bender que encima ahora  parecía un modelo de la revista Hombre. Sus ojos buscaron en el piso algo para decir.
El gordo Bender se había manejado en la escuela con la suficiente inteligencia como para encontrar el curro de ir al arco lo que lo colocó en el primer tramo de los paniquesos durante dos años y al mismo tiempo le garantizó suficiente inmunidad en lo que refería a cargadas ligadas a su peso y a un tic nervioso que consistía en frotarse constantemente las manos. Eso duró hasta que el primer intercolegial donde le llenaron la canasta y se terminó la mentira. O  en realidad empezó, porque el Gordo le dio duro y parejo a la historia de que su papá fabricaba toboganes de agua para parques de diversiones lo que le sostuvo la imagen positiva hasta que  el chino Juan Manuel reveló que su mamá había comprado una cama en el negocio de muebles que tenía el padre del gordo en Avenida Juan B Justo.
Se acordó también Gus de cuando el Gordo Bender le dijo que Laucha era pobre. _ Me quedé a dormir en la casa ayer, le hicieron lavar los platos, yo zafé porque era invitado. Ahí no hay  una chica que limpia como en nuestras casas, Gus. Se acordaba patente del gordo diciéndole eso y frotándose  las manos a lo loco.
Gus levantó la cabeza y le dijo mientras lo miraba fijamente: _ Gordo, me garché  a tu vieja hace dos semanas.
El gordo lo miró dudoso sin dejar de exhibir sus dientes blancos y luego  estalló:_ A tu vieja me la garché yo ayer a la noche, no sabés lo cansado que estoy, bostero, es fana de la japi, no te das una idea.
Se rieron juntos un rato hablando de cómo habían quedado enlechadas sus respectivas madres, se dieron un abrazo y  prometieron sin demasiado entusiasmo hablar para juntarse. No llegaron a pasarse  los celulares.
Gus pudo ver cómo a unos metros se preparaba el inicio del partido. Pensó  lo injusto que  había sido chocarse al gordo Bender teniendo en cuenta la cantidad  de veces que había hecho fuerza mental para cruzarse a Cintia Paredes en el subte.  
  

viernes, 11 de enero de 2013

El bando loser


Probó durante medio año calmar el dolor con kinesiología, eutonía y acupuntura.  Tuvo, también,  un paso por la reducación postural global, la osteopatía y la quiropraxia. Nada funcionó lo suficiente.
Neurocirujanos, traumatólogos generales y de columna son los tipos de médicos a los que visitó en ese lapso. Extremistas de la operación algunos, enemigos acérrimos del quirófano otros. Ególatras encendidos, todos.
“Cronoterapia” afirmó el anteúltimo al que concurrió. “Se trata de  cronoterapia” repitió el  doctor con postura de estoy diciendo una genialidad para enseguida preguntar “¿entendés lo que significa?” y sin dejar hueco, pasó a responderse a sí mismo: “que hay que dejar pasar el tiempo, que esto tendría que curarse sólo
Entonces, adujo que había entendido lo de la  cronoterapia, que no era tan difícil, ”crono” significa “tiempo” y  el cronómetro es desde hace mucho un elemento de uso masivo  pero que de todas maneras no le convencía porque el dolor era mucho y la consulta de ochocientos pesos (esto último no lo dijo pero lo pensó) si no era posible hacer algo más. El doctor quiso saber si era ingeniero y ante su respuesta negativa concluyó que sólo cabía esperar un tiempo a  que bajara la molestia y que si no cambiaba, recién entonces iba a evaluar una alternativa.   
Los pisos del sanatorio están impecables, sentado en la silla de ruedas protocolar y mientras el enfermero va colocándole un camisolín celeste, el ángulo de visión le permite detectar la presencia de por lo menos tres plasmas que transmiten una programación de televisión interna: ahora dan algo sobre embarazadas. Piensa en la época en que no le dolía el cuello.
El primer síntoma lo sintió en aquella movilización sindical a la que había asistido con bastante desgano. Un pinchazo leve en la parte izquierda de la nuca cuando hablaba el cuarto o quinto orador. Después,  otro puntazo más agudo en la zona de la escápula cuando un extranjero de rastas rubias, bermuda y lata de cerveza en mano se acercaba a un compañero con la  pregunta de: “¿this, revolution?”, llevándose como respuesta a su irreverencia un escueto: “not that much, not that much”.
Después: quedarse duro en el inodoro, el espejo viniéndosele encima, las articulaciones tensas y frágiles a la vez, el libro de Alejandro Zambra cayendo al agua meada, manotear el celular, el  bueno de su papá viniendo en su auxilio. Desoxametazona y  Celestone Crono 12  en forma de inyección aliviadora sólo después de sortear a una malcogidísima recepcionista de la guardia que lo hizo esperar una hora mientras se retorcía de dolor.
Maneras de capitalizar desgracias de esta índole: escribir un libro. La típica.
Pero ya estaba y  muy bien escrito por Damián Tabarovsky ;  el título: Autobiografía Médica.
Entonces cambió los programas políticos por las  series estadounidenses, un capítulo atrás del otro y gelatina mucha gelatina porque el frío en el estómago le aliviaba la pesadez de los antiinflamatorios.
El aire acondicionado está al palo, por debajo del camisolín siente cómo se le pone la piel de gallina en las piernas, hace más frío que en los “shops” de las estaciones de servicio. Le pregunta al camillero que se acerca para llevarlo si no hay alguna “promo” de caja, si aparte de sacarle el disco no le pueden hacer un engrosamiento peneano. 
Está llegando el momento. Cierra los ojos y trata de pensar que es un soldado en Malvinas, que es una misión heroica,  que lo hace por la patria.
Pero ya no funciona el walkie talkie, del resto del pelotón no hay novedades, algunos generales ya traicionaron y Menem planea candidatearse de nuevo  a gobernador de La Rioja.

viernes, 19 de octubre de 2012

Orgía Peronista



Antes de mudarme, un amigo me pidió encarecidamente que no empiece a decirle a la casa de mis viejos “Echeverría" al mismo tiempo que él prometía jamás llamar “Zapiola” a la esquina en Colegiales de la que todavía no lograba despegar. Así fue que, en  un intercambio de mails que apuntaba a otras cosas, asumimos  que eran algo forros los que usaban el nombre de una calle como antifaz para referirse a una porción clave del pasado.
 El edificio donde me crié queda en pleno Belgrano y tiene un gran jardín interno. Hace poco fui a verlo y está muy cuidado: pasto, flores y un par de árboles que mi vieja aceptó podar en una reunión de consorcio a cambio de que no construyan cocheras. La verdad que negoció groso, no son fáciles esas reuniones,  creo que si alguien las maneja  bien durante un año está preparado para ir a rearmar el PJ en Chaco, pero ese es otro tema que reservo para  desarrollar cuando se arme una orgía sobre la ley de propiedad horizontal.
Lo cierto es que el aspecto del jardín cambió sustancialmente desde mi infancia cuando éramos muchos chicos varones en el edificio luchando para que mantenga forma de potrero.
Fue en ese lugar donde Jorgito me dijo que su papá había votado a Erman González.

Jorgito era el hijo de Jorge: un encargado de edificio simpático, bastante borracho y fanático de River.
Yo siempre trataba de asegurarme que jugara en mi equipo porque era más grande y te re contra cagaba a patadas, igual siempre te tocaba algún habilidoso porque todos la rompían: los hermanos Dvosquin del quinto, el hijo de los del  cuarto que alquilaban, Topo del séptimo con su hermano que tocaba el saxo o los de planta baja que a menudo caían reforzados por primos que venían de Provincia.
Recuerdo un domingo de elecciones, no se había armado partido  y andábamos con Jorgito medio aburridos cuando decidió mostrarme que usaba una planta de atrás del arco como escondite para encanutar dos o tres revistas porno. Yo estaba muy lejos de tener pelos así que las miré sin demasiado entusiasmo y  cambié de tema preguntándole a quién había votado su papá.
Me respondió  que a Erman González  y  yo  le dije que ese era un  menemista,  que tendría que haber votado a Fernández Meijide como mis viejos o al menos a Polino como mi abuelo. A Jorgito le chupó un huevo mi análisis político y a la noche cuando les conté a mis viejos que había estado charlando de eso con el hijo del portero, me cagaron a pedos.


Durante el secundario mientras estudiaba historia de los libros de José Luis  y Luis Alberto Romero, empecé a tomar partido por el General.
Me costaba manejar ese incipiente peronismo en una casa judía pero tuve la suerte de  encontrar  en calle Corrientes un número de la  revista “Todo es Historia” con el eje “Perón y los judíos” que daba miles de argumentos para sostener que no era nazi, lo que me permitió  salir airoso de los debates familiares.
Después, en la Facultad empecé a militar con un grupo de peronistas con los cuales construimos  una gran amistad y seguimos haciendo política hasta ahora.
Pero se ve que algo hay dando vueltas, porque cada tanto me joden diciendo que ellos me salvaron, que sin su esfuerzo yo hubiera terminado en el progresismo, o con Filmus, lo que es todavía mucho peor.
El otro día cuando caminaba  por el jardín de lo de mis viejos  (y nunca  “Echeverría”) pensaba que sin ser conscientes, lo habíamos militado fuerte, que esa generación de pibes del edificio había  rescatado  durante años un lugar cuyo destino  natural era el de  parque para  que señoras de Belgrano tomen sol.
Y que de seguro esa conquista tuvo también  gran  influencia para no terminar militando con Filmus.


sábado, 2 de junio de 2012

María Gadú, Neymar y C.G.T. El arte de cambiar de tema.


Después de un par de años de cometer la boludez de no tener tele, contraté Telecentro y estoy como quiero.
El pibe de la instalación que en realidad  depende de otra empresa porque está  tercerizado y por ende precarizado cayó a las doce del mediodía  del sábado.  Un horario en el que por lo general hay nula actividad en casa pero ese día habían venido dos amigos del secundario a almorzar.
Uno, muy recordado por decir el primer día  de clases de primer año que le gustaba el circo y a posteriori consagrado por apagar cigarrillos con la boca durante dos cuatrimestres. Ahora tiene una hija y entonces toca el timbre un sábado a las once como si nada.  
Al otro siempre le gustó levantarse temprano y se caracterizó por ser extremadamente bueno con las calles y la ubicación, de hecho hasta mi viejo tiene su teléfono y lo ha llamado más de una vez para ver  cuál es el mejor camino para ir a Ranelagh.
Lo cierto es que cuando cayó el pibe instalador ya habíamos dejado de joder al  segundo con la pregunta de “si el GPS había anulado su gran virtud” (él contestaba muy tranquilo que el tema no le preocupaba en lo más mínimo)  y la situación era de poner ACDC o las marchas peronistas y radicales para ver si la hija del primero que tiene dos años movía las patitas bailando. Ese contexto de confusión me quitó tiempo para terminar de reflexionar sobre si tanto tiempo sin tele había sido culpa de la Escuela del Sol o de mis viejos.
Pasa que es una locura habiendo “futbol para todos” no poder ver los partidos.  Tomé la decisión de volver a la tele un poco antes de pasar por un Ministerio y ver cómo estaba lleno de  lindas chicas de la Cámpora con notebooks (¿el kirchnerismo como apuesta estética?)
N. dice que al kirchnerismo le falta mucha nafta para ser una apuesta estética  y en general me cierra cuando hablamos de este tipo de cosas. Pero creo que en este caso se le escapa que  la apuesta se define  precisamente por el riesgo, por el halo de duda que implica, que conlleva. La apuesta es eso, la posibilidad grande de equivocar.
Pero lo que me interesaba contar es que lo de la tele fue un poco antes de esta discusión y  bastante antes de que Lescano sea el interlocutor del gobierno para fracturar la CGT.
Podrán decir que una cosa no tiene mucho que ver con la otra y es verdad. Es que  cambiar de tema es todo una arte y como todo arte hay que  saber hacerlo.
Martín  Kohan de hecho dice que éste es un don que tenía Martinez Estrada.  Parece que el tipo era un fenómeno pasando de una cosa a la otra, hoy escribía sobre La Pampa; mañana, ajedrez; pasado, Fidel Castro; pasado; Buenos Aires. Lo interesante es que la genialidad no  radicaba como les suele suceder a los genios en  aferrarse  a un objeto  y no soltarlo más sino todo lo contrario. Su impronta era pulular con intensidad, hoy acá y mañana allá con el mismo ahínco.
(A pesar de las pruebas sobradas de que ejercitar un arte es poco negocio, insisto y sigo contando)
El momento bisagra fue cuando tuve que ver Boca Vélez en una Esso en la  que ponían el aire acondicionado a quince grados bajo cero; no hay nadie que pueda resistir noventa minutos  a esa temperatura, menos cuando la empleada de la caja a pesar de que ya la conocés y en el día  interactuaste varias veces insiste en empezar todo diálogo con “Bienvenido a la Esso, señor” ( zezeando cada vez que dice “Esso”)
 Este año volví a ver  la Copa Libertadores y hay partidazos, por ejemplo la vuelta de  Lanús Vasco fue impresionante. Los equipos brasileños siguen siendo protagonistas pero hay cosas que cambiaron.
 Por ejemplo, Brasil siempre se caracterizó por sacar marcadores de punta y cantantes mujeres.
Bueno, parece que la fábrica de los número 3 con proyección se vino a menos desde que gobierna el PT, ejemplo elocuente es el partido del otro día Vélez Santos en el que tuvo que  entrar un lateral de 37 años  en el segundo tiempo  para desequilibrar el partido.
En lo que respecta a las cantantes, siguen siendo los  primeros exportadores del mundo, lejos.
Ahora me hicieron escuchar a María Gadú, una pibita con pinta de torta que hizo el tema perfecto a los 25 años,  la verdad que el tema de la edad no es algo que me inquiete de manera exagerada pero tampoco se me escapa.
 Dice “imagine um barco de papel”  en el tema que la hizo famosa “Shimbalaie”  y es perfecta. Después hay otro video dando vueltas en youtube en el que está ella llorando en el escenario mientras escucha a Caetano haciendo un  tema de ella. Perfecta y sensible.
A los pocos días de empezar a esucharla, un amigo me sale con que cuando vivió en España era muy bueno trabajando en el Auto Mac, pero que allá se llama Mac Auto lo que es muy distinto. La conversación  cambia de frente y se centra en que la Mostaneza fracasó porque le agarró la crisis del 2001, que si no hubiera sido un éxito. Aparte la publicidad hacía hincapié en el ama de casa y eso le restó. Ahora que lo escribo pienso que tampoco  el nombre ayudó demasiado.
A contrario sensu de lo que pensé creer,  todos se la bancan bastante con el arte de cambiar de tema. Ma qué Martinez Estrada.
Sin embargo, me  parece que no estaría mal como nombre para un programa de radio. De una vez por semana.

  

domingo, 4 de marzo de 2012

Casamientos


Los novios se hicieron cargo de una reivindicación que viene ganando terreno desde hace un par de años y  eliminaron el carnaval carioca.
Pero  suena YMCA, qué tema de de mierda, por favor. “ Young men, Young men” y no se cómo esa  entrada convoca a  un par de monos que habían estado atrincherados a la silla con la mirada en el mantel toda la noche.  Claro, son entre las cinco y  las seis: dar la cara en la pista ya no tiene costo político.
Al toque me doy cuenta que en realidad YMCA es un garcha porque después de ese ponen “Los Piratas”. Sobre ese tema ya se expidió el Toto  en la despedida de soltero que le organizamos al novio sin que él venga, palabras más palabras menos: “ los que  hacen pogo con esa  canción son los que no hacen ninguna, porque Los Piratas en serio cuando ponen esta canción ya re contra se tomaron el palo”.
 Los que no pueden ni siquiera jugar un partido de fútbol 5 los miércoles en Doblas y Autopista a las 21:00 horas, los que suspenden las birras de  los pibes el viernes porque ella discutió fuerte con la mamá  y a pesar de que van a pasar juntos sábado, domingo y feriado, suspenden. Y   empujan y hasta meten un par de codazos  porque eso los ayuda a emerger  un poco de la mierda en la que están sumergidos “ nos sacamos el anillo carcelero y vivimos una noche de solteros”
YMCA es una poronga porque después suena “ este es el show de Xuxa está hecho con amor ”, los novios anularon el carnaval carioca, no es que hicieron la revolución leninista. Aparte un golcito Brasil te clava siempre.  “Un pasito pa delante un pasito para tras” y se levantan tres bestias sexuales que nadie había visto en toda la noche.
“ El mono relojero” de Kapanga que sigue después explica por qué YMCA es una canción para vomitarle encima, agonismo del viaje de egresados de séptimo grado, metáfora de la gestión de Duhalde.
Alguien  muy atinado le pide al DJ que ponga “ El más Popular ” de Los Palmeras porque sabe que al novio lo agita mucho ese estribillo pero el tipo pone otra de la misma banda. Pasó de DJ a Disc Jockey.
Me acerco y  desde abajo le tengo que pedir que ponga la otra. “Puse esta, me explica” como si yo no  estuviera diciéndole que justamente esa es la gran cagada.  Y lo hace más gráfico con un “Si me hubieran avisado antes…”  Le digo que  no entiendo por qué no la puede poner ahora,  por qué hay que avisarle antes, que  es un Disc Jockey, no una banda, que no  tiene que ensayar los temas en la semana: se pone áspero  pero aparecen dos chicas que interpretan que  tienen más herramientas que yo  para convencerlo pero  sorpresivamente también fracasan. Los Disck jockeys trabajan de que la gente la pase bien, nada que ver con los abogados.
Gran casamiento. De los mejores que tuve. Noche de estribillos, de vino y fernet, de asado y ensalada. Pero también de que el Loco toque en la guitarra “ Fotos de Tokio” de Aznar y que  alguien haga una versión de “ Quedándote o Yéndote”  del Flaco. Si lograron que pase eso en un casamiento, cómo no se iban a animar los novios  a eliminar el carnaval carioca. Ninguna revolución leninista. Pero siempre cambiando para mejorar.