martes, 26 de diciembre de 2017

Sailor Moon



Asumo la responsabilidad de concientizar ¿cómo hago? Fácil: carriles y guiño. Me tocan buenos pasajeros porque respeto a la gente. Si hay amarillo, freno. Si puedo optimizar tu viaje, lo voy a hacer. No me preguntes cuánta ropa tengo en el placard sino a cuántos ayudé a vestir. ¿Cómo es tu nombre? ¿Germán? Bueno, acá te vas a llamar Pablo. Pablo, ¿querés un caramelo? Yo me voy a clavar uno de estos ácidos, me los encajó un vendedor ambulante que era un campeón: “sabor tradicional y moderno para los hijos, los nietos, los ahijados, para quedar bien en el trabajo y con uno mismo”
Antes tenía un Siena. Era gauchito… estaba arriba de los quinientos mil kilómetros. Le metía agua de la canilla y un pocillo de aceite cada cinco horas. Tenía que poner lo justo porque si no, le fundía las válvulas. Se la bancó hasta el final. Qué capo era el Siena.
Ahora adquirí esta unidad y la disfruto. Lo más importante es que sé que le pasan bien ustedes. Igual, no deja de ser un auto nuevo. Los vehículos son  todos diferentes: este frena diferente, dobla diferente, es más grande. ¿Cuál es el secreto? Ya te lo dije, Pablo: carriles y guiño, carriles y guiño. Me estoy acostumbrando… todavía falta para fusionarme con el rodado. Con la moto, estaba fusionado. Lleva tiempo fusionarse, es como con una pareja ¿viste?… En el auto encontré un lugar, pero en la moto… Pablo, en la moto fui muy feliz. Después no me banqué el frío: ir a San Miguel en invierno. En esa época no había GPS. Ahora es otra música: es más fácil. En la moto llevaba sobres, plata, documentación y comida. Acá llevo vidas. Por eso, no escabio más. Menos que menos blancaflor. Las harinas leudantes facilitan el trabajo de noche, pero en el mediano plazo, te arruinan. Como quiero concientizar ¿qué hago? Ahí va, estás aprendiendo: carriles y guiño, carriles y guiño y no escabio ni drogas.
Cómo joden con el aparatito ese, por favor. Te pido que, por favor, no atiendas. Estamos en el medio de una conversación importante. Ahí va. Bien. Te decía... en la moto sí hacía cualquiera: era el Capitán Sparrow de las dos ruedas. Ella te da mucho reflejo, no sabés lo que era: TING TING TING, precisión, convicción y llegar en horario. Nunca me la puse eh. Pero sí perdí amigos… la moto es tramposa, vas zigzagueando y te agrandás. De repente venís por Córdoba y te agarra un Bora que no mira y a otra cosa. Es estadístico, Pablo: los conductores de Volsvagen Bora son mierderos. Más que los motoqueros. La moto es noble. Pero ojo, hoy por hoy no la extraño: a este coche lo disfruto cada vez que la pongo en marcha, cada vez que activo las balizas, cada vez que pongo el guiño. Es un auto con muy buenas prestaciones.
No pasa nada. No me estoy alejando, Pablo. Tranki Panki ¿No te gusta pasear?
Mirá este Miyagi de al lado. Les digo Miyagi a los tacheros que tienen cuarenta años arriba del auto y no aprendieron nada. ¡Cómo me tira el auto encima! Le voy a poner guiño a ver si la caza. Carriles y guiño, carriles y guiño, carriles y guiño.
Estos tipos ponen en riesgo a una familia, votan el cambio, te hablan de Europa y después laburan así. Van de vacaciones a Las Leñas porque los hoteles tienen nombre de los signos del zodíaco. Salvo de cáncer, tenés todos y son del mismo chabón. Hotel Geminis, Acuario, Capricornio… pero Cáncer ¡no! ¿sabés por qué? Porque la hija del dueño murió de esa enfermedad. Todo tiene su historia, Pablo. Cómo rompen con el telefonito. No se te ocurra atender, ¡alcanzámelo!
¡Hola! ¡Sí! ¿Con Germán? No conozco ningún Germán. Acá estamos con Pablo paseando. No lo esperen que tenemos para rato. ¡Bueno! ¡Hagan lo que quieran! Chau.
No quieren suspender la reunión aunque les dije que no llegás, ¿podés creer? Es una locura cómo vivimos. Estamos en la carrera de la vida y queremos llegar rápido. Lo mismo la información que procesamos. Antes, tenías que hacer una cosita al otro día y esperabas tranquilo. Lo ibas asimilando. Imaginabas cómo iba a ser. Lo palpitabas, Pablo. ¿Te acordás lo que era palpitar algo? Ahora, la cabeza dispara para arriba, para abajo, para cualquier lado. Estás desesperado por llegar. No te das cuenta que la historia es el viaje, que no hay ningún apuro. Entonces venís al palo, cambiás de carril sin avisar y chau pinola. Por eso: carriles y guiño, carriles y guiño. Esa es la música del océano, la música de las boca calles.
Yo a la noche, pongo la cabecita contra la almohada y duermo joya. Bueno, es un decir. Como todos los que fuimos a la guerra, tengo insomnio. Pero es un insomnio tranquilo, no estoy atormentado. ¿Sabés por qué, Pablo? Cada cosa que pasa en la calle y me genera duda, me hago esta pregunta: ¿estoy haciendo bien o mal? Y ahí aparece la respuesta que me guía. Por eso, si tengo de pasajera a una vieja que no puede moverse, que tarda mucho en bajarse y me cagan a bocinazos, me los banco. Me tomo el tiempo que tengo que tomarme, respiro profundo, activo balizas y la ayudo a bajarse. Si me putean de más, me voy a casa: vivo ahí en La Pampa y Cazadores en los monoblocks. Los de Excursio no, los otros… Tenemos plaza: es un lujo. Me tiro la reposera, el sol me da en la cara. Todo tranqui, todo Sailor Moon.
Esta esquina nos viene bárbaro: no hay nadie. Esto por acá, ahora por allá, No me la hagas difícil, hombre ¿te quedó cómodo? Me pidieron el paquete así, qué querés que haga. Ya está, sigamos.
Como te decía, hay mucha mala espina con el manejo, yo sólo quiero mejorar a mis colegas. Velo por la seguridad de la gente. No puedo ponerme a la altura de la señora que me pide que le meta porque quedan tres segundos para que corte el semáforo. Señora, no lo tome a mal: bájese y súbase al auto de cualquier mercenario, vaya en Uber, sea una aliada de la precarización. Conmigo, las cosas son así: actuar a conciencia y carriles. Carriles y guiño. Carriles y guiño. Siempre así.
¡Mirá ese! no pone guiño, después queda estrelladito y yo, que soy curioso paso mirando. ¿Sabés lo que pasa, Pablo?  Me bajan la mirada. ¿Por qué me bajás la mirada, chupetín de coca?  ¿No eras un campeón? ¿No ibas a los volantazos cambiando de carril sin poner un puto guiño? Por eso te digo: a cada chancho le llega su San Martín.
Hablando de próceres, en el peaje, no se te ocurra hacerte el héroe. Hasta ahora venimos bien, no me pongas de mal humor que se me apaga la tele y hago cualquiera. ¡Mirá estos! Ninguno puso el guiño, no saben para dónde doblar: están más desorientados que negro en solárium.  No saben que no tengo drama, que me meto con todos. Hasta con el patrullero. El otro día en Beruti y Scalabrini Ortiz pasó uno en rojo el semáforo: tres de la mañana y después se me puso adelante. ¿Podés creer? Toda la ciudad libre y los cobanis se me pusieron adelante. Me metí al costado, empecé a poner luces, llegamos a Las Heras, me cambié de carril, les metí guiño. Carriles y guiño, carriles y guiño: los guanacos se querían matar. Así los llevé hasta Las Cañitas.  Se bajaron con dos huevos fritos. ¿Te crees que me dijeron algo? Nada, me miraron mal un toque, ¿por qué no mirás mal a los delincuentes?
Yo se que pensás que soy como ellos, pero no. A mí no me queda otra. Tuvimos al pibe internado, Pablo. Todo el año en el Pirovano. ¿Sabés lo que se siente? Yo laburando para cubrir lo que gana mi mujer que tuvo que mudarse al hospital. Una noche se quedó dormida y le robaron la billetera. Ahí entendí cómo venía la música. Que a mi familia tenía que darle una respuesta adecuada. Que este es un mundo donde te roban en el hospital público. ¿Cómo pasa esa tragedia? ¿Te aprietan los nudos? Respirá profundo un par de veces y se te pasa. Pero profundo eh, concentrate en la nariz. Sentí cómo sale el aire de las fosas nasales y roza tu labio. Mirá que hay gente mala, Pablo. Pero ¿qué te tiene que estar pasando para robar en un hospital? Hambre no es, siempre se puede elegir a quién chorearle. El chorro ve un santo, y en vez de rezar, le mira los bolsillos: la ciudad es su territorio de batalla, Pablo.
Te tomo prestados diez pesos que ya estamos en la Ricchieri. Como no es hora pico, te sale barato. ¿No te gustaría laburar acá? Ponés música, los turnos son de pocas horas y cada tanto, te cruzás algún famoso. Cómo tardan, che. Qué ganas de arrancar y llevarme puesta la barrera. Pero hoy no da porque estoy con vos y  tengo que entregarte en perfecto estado. Pero algún día me voy a dar el gusto. ¡Mirá ya están tocando bocina! Se piensan que si hacen ruido, va a haber más espacio, que los coches van a volar. Si todos pusieran carriles y guiños llegaríamos al centro en media hora, en vez de nafta, los autos funcionarían a miel, nadie se reiría del chiste propio: sería un mundo perfecto. Porque Pablo, reírse del chiste de uno, es lo peor que puede hacer el ser humano. Me molesta más que la corrupción.
Dale! No me la compliqués. Sacate los lienzos que me sirven. La cadenita, también. Todo. Todo me sirve. Hasta cambio me dejaste Pablo. Sos un fenómeno. Yo llegué hasta acá. Ahora, se ocupan los muchachos. Me voy a casa, me espera mi jermu para cenar. Claudia es lo mejor que me pasó en toda mi esclava vida. Es una mezcla de amiga, novia y actriz porno. Ella me salvó, Pablo. La vida es un partido que empieza todos los días y uno puede ganarlo o perderlo. Pero con ella,  tengo un diez crack jugando en mi equipo.  Cuando la pelota la tiene ella, puedo descansar, puedo pensar. Es como el gordo Ortigoza, Pablo. Sin ella no podría llevar adelante esta misión de mejorar la calle. Ella me ayuda a seguir…Mientras, voy llenando los formularios para la vida que viene después. Vaya a saber en qué voy a reencarnar.
Acá se los dejo, muchachos. Devuélvanlo rápido que es buen pibe. Si lo tienen cortito, se va a portar bien. Pablo: si le das a tu familia las instrucciones que te van a pasar los amigos, te sueltan rápido y esta semana ya estás de vuelta en casa. Hacé las cosas bien. Ya vamos a tener tiempo de comernos un churrasco tranquilos. Hablando de carnes: listo el pollo. Chau a todos. No me garquen con la guita: mi parte es mi parte.
Ahora a casa. Voy por el camino corto, pero esta avenida es la muerte y encima, estoy en la fila de los boludos. Al lado los autos van como trompada y yo en la fila de los boludos. Cómo me pasa esto a mí. Pasa que me quedé enroscado con el asunto de la reencarnación. Supongamos el peor escenario: ¿qué pasa si me toca reencarnar en chofer de bondi? Me pego un tiro.
Aunque no me tengo que hacer drama por eso ahora: es anticiparse. Aparte, de última el chofer de bondi también es un cuadrúpedo. Y si es un cuadrúpedo, quizás la fórmula sea la misma: carriles y guiño, carriles y guiño, carriles y guiño, carriles y guiño. Carriles y guiño hasta esfumarme, atrás de la media sonrisa que pone Claudia cuando la piropeo y se me hace la difícil. Carriles y guiño, carriles y guiño. Todo tranqui, todo Sailor Moon.
¡Hola! Estoy yendo a mi casa ya ¿adónde vas? Ah Malabia y Padilla sí. Vamos. Me queda de paso. ¿Cómo te llamás? Graciela qué lindo nombre. Una lástima. Acá te vas a llamar Pablo.








viernes, 24 de noviembre de 2017

La Super Capa

Quiero una
SUPER CAPA POLIURETÁNICA.

No sé bien qué es,
pero necesito una.

Busco en una página
en la que venden
desde geles afrodisíacos a pezoneras:
cosas espantosas de todo tipo,
pero no consigo.

Quiero una
SUPER CAPA POLIURETÁNICA.
La descripción del producto
promete una impermeabilización
monocomponente
de última generación.

En el kiosko están en falta:
me quieren encajar
unas barras de cereal
y yogurt radioactivo
con gusto a culo de mapache.

Quiero una
SUPER CAPA POLIURETÁNICA.
Necesito nadar en esa base acuosa
altamente elástica.

Les voy a preguntar a los japoneses
de la otra cuadra.
Los japoneses son extraterrestres,
seres superiores
que
entendieron cómo hay que vivir
aunque cada tanto se manden un moco
como traficar mujeres coreanas.

Quiero una
SUPER CAPA POLIURETÁNICA.
Bañarme en esa resina resistente
a los agentes atmosféricos
por más de cinco años.

Vivimos en un mundo insoportable.
Arthur Conan Doyle mató a Sherlock Holmes
porque no lo aguantaba más
y lo tuvo que revivir a la novela siguiente
por presión social.

Quiero una
SUPER CAPA POLIURETANICA.
Que se estire
hasta cuatro veces su tamaño
sin dañarse.

Es lo único que me puede proteger
de esta ciudad en la que
nunca
no hay
un tema de Maná
sonando cerca.
De esta ciudad
que por momentos es Nubeluz
y por otros,
planta permanente
y sindicalizada
de dolor
en el pecho.

No hay mejor desinfectante
que la luz del sol.
Pero, muchas veces
no alcanza con que
el día sea lindo.
Igual, todo está oscuro y triste
como sala de espera de guardia médica
como copago de veinte pesos de obra social
como papel troquelado de recetario
como carnet de Osecac.

Quiero una
SUPER CAPA POLIURETANICA
que me ayude
a transformar esta pesadilla
en un sueño feliz.

Busco vivir de la escritura,
pero tengo miedo
de no ser capaz ni de encargarme del guión
de la publicidad de la nueva crema Tío Nacho
para varices masculinas.

Tengo pánico de no poder
seguir con mi trabajo de siempre.
Cada minuto destinado a analizar la ley
es una patada voladora en la zona gástrica.

Se me ocurrió una idea:
“La Fábula de la Lechuga Mustia,
el Páramo Endemoniado
y el Ano Mucoso”.
Ese será el título para mi gran obra.

¡Quiero una
SUPER CAPA POLIURETANICA, señor!
¡Por favor vendamela!
La necesito para solucionar
la humedad en la terraza
de mi cerebro.
Para salvar mi hipotálamo,
para activar la glándula pineal.

Prometo hacer lo que me pida.
Dejar de alentar a Deportivo Enrosque.
Hacerle un juicio por daños y perjuicios
a Scooby Doo, a Oliveraton, a Linterna Verde
a las Tortugas Ninjas,
especialmente a Donatello.
¡A todos los superhéroes de mi infancia!
¡Hago lo que me pida!
Por favor...
¡No me deje así!

La clave es reconocer lo que importa
en el medio de la basura.
Encontrar la palanca que todavía funciona
en esta fábrica que cerró
y quedó
cubierta por saquitos de mate cocido
usados.
En otras palabras:
estar cómodo
en la incomodidad.

Quiero una SUPER CAPA POLIURETANICA
las vísceras me mostraron
lo mal que busqué hasta ahora:
en una matiné
que abre de dos a tres de la tarde,
en una rotisería
que sólo
vende hambre,
en un blog
con últimos posteos
en agosto de
dos mil
siete
Lo único que saco
en limpio
de todo esto
es
que
no se llega al amor
buscando el amor.

lunes, 2 de octubre de 2017

Rebautizar


La fiebre
es una de las formas
de la
tristeza.


Me cuidás
con
Gatorade
-frutas tropicales-
y puré
de calabaza.


En la tele
entrevistan a un tipo
que minimiza el asunto:
no hubo incidentes,
sólo se registró
el ingreso
de
pequeñas bengalitas.


Cuando vuelven a estudios
me entero de que es
el jefe
del operativo policial
de un partido
que jugó Boca.


La fiebre
y
el carnet de Osecac
sobre la mesada
son formas
de la tristeza.


Ni que hablar
del copago de
veinte pesos
que pide
el médico
a cambio 
de las 48 horas
de reposo.


Si no te jode,
hasta que me recupere,
te voy a llamar:
mi
pequeña
bengalita.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Saladix


La fiesta de la música
perfecta
pero
que
se corta.


En cada bache,
la gente canta
y completa
la letra.


La bolsa
de hielo para el fernet
sobre la bacha
de la cocina
iluminada
por
azulejos
beige.
¿Sería capaz
de lidiar
con ese color
una tarde de lluvia?


Nos vamos
justo antes de que
el equipo de sonido
se termine de fundir.


Un taxi nos abandona porque
la empleada de la Shell
se toma su tiempo
para cobrar
las Saladix.


Encontramos otro
en la cuadra
del museo de Ciencias Naturales:
las sombras de los dinosaurios
nos habían inquietado.


Vamos a un telo
pero no hay lugar.
Nos bajamos del plan
y terminamos en casa.


Busco recrear la situación telar
pero Paula no me deja poner
Rod Stewart ni
encender un sahumerio.


“Además,
en los hoteles
están prohibidos los
inciensos”
No se de dónde lo sacó
pero es razonable.
Imaginamos la vida del
conserje
remixada por gemidos
de terceros
y sancionando
a quien
encienda
varietales de
palo santo.


¿Quiénes van a los telos?
Parejas estables o
sacerdotes con recaídas,
apicultores huérfanos
o gente de trampa,
peronistas gandhianos o
jóvenes que viven con sus padres,
espantapájaros de solárium
o citas
que
fueron bien.


A la mañana,
leo en el diario
que somos la primera generación
en la que niños,
abuelos
y perros
pueden tener el mismo nombre.


El saldo del fin de semana largo:
es un error
pensar
que
si equivocamos el camino
nos va a ir mal.