martes, 21 de febrero de 2017

Poema de amor.



La primera vez que te quedaste en casa
vi que se despegaba la foto de Gardel
de la pared del living.
La empujé para que aguantara un rato más
y pensaste que era un ritual;
que todas las noches, antes de acostarme,
tocaba la foto.
Me pediste otro trago
te ofrecí Campari con jugo.
_ “¿Qué jugo es?”
_ “Es uno de varias frutas, 
   pero prima el mango”.


Los primeros meses,
cuando pasábamos la noche juntos
no podía dormir.
De lo manija,
de lo conmovido
que me dejabas.
En esa época aproveché 
para mirarte hasta entender
que cuando dormís 
parece como si nunca 
te hubiera pasado nada malo.
Como si nunca
hubiera pasado nada malo en el mundo.


Desde que estoy con vos
soy mucho más feliz.
Y eso 
que antes
no estaba tan mal:
jugaba al fútbol con amigos
leía buenos libros 
en el laburo no me jodían 
a veces, hasta la ponía.
Pero esto...
esto viene con aditivo
esto es “all inclusive” 
esto es HD
esto es como un extractor de jugo
esto es otra música.


Con vos, no me molesta ir a buscar cosas de Mercado Libre.
Podemos colgarnos en un semáforo en rojo
dándonos besos,
que se ponga en verde 
y vuelva a pasar al rojo.
Con vos, en el balcón de tu casa
las siete de la tarde
es,
como dicen los chamanes,
la hora del poder.


Más de una vez pensé que 
esto puede ser un experimento.
Que me tuvieron 
años secuestrado en una matiné
escuchando el meneadito.
Que ahora me liberaron
para que te escuche cantar
para que te mire 
el culo 
para que te ponga protector solar,
para que admire esa memoria 
a prueba de balas que tenés,
para que aprenda a disfrutar
y para que me deje de comer la secuencia.


Tengo una sensación
desde aquel casamiento donde me increparon por política
y me acariciaste la rodilla para que entienda que la mierda no tiene sentido.
Tengo una sensación 
desde la tarde en la heladería de las plantas colgantes 
cuando pedimos cucuruchos con gusto a kinder.


Tengo la sensación de que nos conocemos de antes.
Que no puede ser casual que cuando te pregunto si ya cortaste la cebolla
me respondas que no, 
que sólo estás poniendo cara de haberla cortado.
Que no puede ser casual que cuando te acerco la cafetera para que la huelas
me digas que pare de usar el café como si fuera paco 
pero que accedas a olerlo
para que nos paqueemos juntos
y recordemos a las paquitas de Xuxa
que eran más bien boludonas.
Que no puede ser casual que también 
recordemos que Natalia Oreiro
fue paquita
aunque ella no es ninguna boluda
pero que  igual, eso no enaltece a las paquitas 
como sujeto histórico.
Que no puede ser casual 
que cuando nos preguntamos 
qué habrá sido del resto que no fueron Oreiro
nos angustiemos primero 
y nos pongamos mal después
hasta llorar abrazados sin remera.


Podría tomar una muestra de la mezcla de nuestras lágrimas 
y mandarla a analizar a un lugar serio.
Al Instituto del Diagnóstico Rossi.
Allí mis sospechas se verían confirmadas:
Nos cruzamos en el paleolítico.
Fuimos yuyos contiguos en 
asentamientos estacionales
en la era de piedra.
Esa fue la temporada en la 
que pegamos onda fuerte y 
preparamos el terreno 
para la alta edad media,
sin dudas, 
nuestro mejor momento.
El informe lo dice clarito:
“la alquimia llevada a cabo
en el periodo antedicho permite 
establecer que los nombrados
(o sea, vos y yo!)
fueron el uno y el otro
adaptando formas diferentes
en el devenir”
Abajo están las firmas de los doctores 
y el logotipo de la institución.


Con la confirmación en el sobre
dentro de la mochila negra
que no puedo dejar de usar 
me tomé la línea B
y fui leyendo un libro que dice
que para no sufrir 
la clave es:
estar aquí y ahora. 
Pero qué difícil hacer caso
en el calor del vagón,
bajo los tubos de luz blanca de la oficina
que secan las vísceras,
en la cola del chino por peso del microcentro.
Sólo queda
pensar en el futuro:
ese lugar
donde nos vemos
y agarramos el café con leche 
con una mano
y nos acariciamos
con la otra. 

viernes, 30 de diciembre de 2016

Sobre El Mató y Tinder





Me mandaron un cuento que escribió Walter Lescano. Hablaba de lo que le pasó viendo a “El Mató a Un Policía Motorizado”. Era genial pero me hizo sentir mal porque yo no había escrito nada sobre eso antes.
Me acordé del artículo que leí en una revista de música donde hablaban del “síndrome Bono” para explicar que a veces, no podés terminar de disfrutar algo que hizo otro porque sentís que tendrías que haberlo hecho vos.
Era más o menos así: Bono está en Londres en plena grabación de un disco, toma un taxi para ir al estudio, en la radio del auto suena una canción que le resulta conocida. Le pide al conductor que suba el volumen. El tema le parece espectacular. Al mismo tiempo que el locutor  anuncia que es el nuevo corte de Coldplay, se da cuenta que esa misma semana en plena grabación estuvo a un acorde de componer ese tema . No se perdona no haber llegado a hacerla él. La bronca lo supera, se baja del taxi sin esperar el vuelto y camina sin parar durante horas: en uno de sus viajes por oriente le enseñaron que la caminata es el mejor ansiolítico.
Cuando le conté lo que me pasaba a mi novia, me dijo que lo escriba igual. Total, va a ser distinto ¿no?
Ella es simple y vehemente a la vez. Como el bambú.
La primera vez que vi a “El Mató” coincidió con la única vez que tuve una cita por Tinder.
Estaba todo lo arriba que se puede estar a las pocas semanas de haber cortado con una ex.
Ya tenía escuchados varios discos y me habían parecido muy buenos, así que cuando unos amigos me preguntaron si sacaban entradas di el okey. Aparte, la mejor manera de transitar un duelo, al menos la primera parte, es hacer cosas sin parar. Si son divertidas,  mejor, pero la clave es hacer cosas sin parar, después sí va a venir un momento más reflexivo. Pero todavía no estaba ni en pedo en esa.
Así que después de acostarme tarde el jueves y laburar todo el viernes me encontré con el Loco y Melón para hacer previa tomando unas cervezas. Llegué medio tarde porque, en el medio,  había ido a cambiar el estereo del auto y dudé tanto que al final me encajaron un Pioneer regetonero, con luces que cambian de color, un espanto.
En ese momento, la banda ya era bastante conocida pero no como ahora que Niceto les queda chico y los va a ver ver gente que no conoce ninguna canción.
Esa noche pasó todo muy rápido, ya a partir del segundo o tercer tema sentí  como una revelación. Una experiencia cuántica, diría Osho. Una inyección de droga, dirían unos amigos de Saladillo que son dos fisuras y cuando algo les gusta  tiran esa.  En realidad, para ellos cualquier cosa puede ser una inyección de droga. Hasta una ensalada.
Pero esto era conmovedor posta, pocas  veces me había pasado de encontrar el sonido justo para el momento que me tocaba atravesar. Sólo me acuerdo de dos más: una con mi viejo volándome  la peluca con el “Anthology” de “Los Beatles” en séptimo grado y otro, gracias a  mi tía un par de eneros más tarde dejándome un cassete grabado con “Clandestino” de “Manu Chao” en una casa donde veraneaba mi familia .
Ahora queda piola descansar a “Manu Chao”, o  al manuchaismo, ese ponerse de un día para el otro a fabricar collares jipis, hacer de la vida un camino por el que se anda en ojotas de las que se abrochan al empeine y reencarnar en vegano durante el viaje por Bolivia creyendo que el grupo de amigos del Newman es, en realidad,  una cuadrilla de Sendero Luminoso. Pero sería muy injusto no reconocer que “Clandestino” me dio vuelta y que todavía, cuando escucho el disco, me genera cosas muy lindas.
“El Mató” me hablaba en la jeta de lo que me estaba pasando con una sinceridad increible. Era obvio que ese cantante gordo y desalineado no estaba careteando nada. Me anoté en el teléfono varios temas que habían sonado tremendo y cuando terminó, estaba sacudido por una emoción del carajo.
Melón y el Loco se encontraron con gente, así que se formó un grupo de amigos de amigos y terminamos todos morfando en una hamburguesería cercana y escabiando birra a más no poder. Todos coincidían en que había sido un show tremendo.
Tomé un par de vasos rápido y la manija se me subió a la cabeza así que le mandé  mensaje a una chica que tenía en Tinder.
Nunca había sido muy fana de la aplicación pero cuando corté, en una de las juntadas que los pibes fabricaron para bancarme, la Garza me convenció de que no tenía nada  de malo, que si no lo usaba ahora cuándo y otros argumentos implacables mediante los que proyectaba en mí las ganas bárbaras que tenía de desmonogamizar su  noviazgo de cinco años.  Esa noche bajamos el programa, jodimos un rato y después quedó ahí a mi disposición.
Primero empecé a usarlo en el tiempo de espera en el inodoro y después compulsivamente antes de irme a dormir, o en el subte y hasta en el trabajo.  La semana anterior al recital, había estado hablando con una que me había dado más bola que el resto y  esa noche cuando la tantié no tardó nada en responder: estaba todo bien para ir a tomar algo.
Les dije a los chicos que me tomaba el palo y al toque estaba manejando el auto por Avenida Santa Fé yendo a buscar a la muchacha.
 Decidí llevarla a un bar alejado para no cruzarme con nadie. “Vos no pensés demasiado”, me dije, “vos dale dale dale”.
Llegamos, ella pidió gin tonic, me pareció un buen indicio así que pedí lo mismo y empezamos a charlar. A pesar de ser del sur ( de General Roca) era re aburrida, intentamos diversos tópicos pero en ninguno logramos conectar demasiado.
Pedí tiempo muerto para ir al baño, mee con fuerza la birra que tenía encima,  me lavé la cara y como un mantra recité en voz alta “vos dale, dale, dale”.
Volví y ella se había terminado el trago así que pedí dos gin tonics más y empecé con el operativo beso posándole una de mis manos sobre la suya y jugueteando con el dedo pulgar. “Vos dale, dale dale”
Creo que hablábamos de bandas de rock nacional cuando acerqué mi cara a la suya pero ella la alejó y comenzó a hacer chistes sobre mi pelada. Sorprendido por su repentina mala onda  y herido en mi orgullo, reculé y me fui para atrás, me vino bien porque ya me dolía la espalda de estar inclinado tirándomele encima.
Pero la piba había hecho bien, la referencia a la debilidad capilar me había motivado, ahora  me la quería transar a toda costa,  así que al rato volví a la carga y  esta vez no opuso resistencia. Mientras nos besábamos fuerte noté que su saliva tenía gusto a pimiento de jamaica en el mejor de los casos ,porque el pimiento es picante y esto era más bien agrio como esas leches que uno se encuentra en la heladera cuando vuelve de la costa.
Pero pensar no era negocio así que de nuevo “DALE DALE DALE DALE”
Pero no, esto no era pensamiento era sabor “DALE DALE DALE”
Y a meter mano y se pone todo hot y pido la cuenta y nos estamos yendo en mi auto a su casa y pongo la radio y la miro de coté y no me dan nada de ganas, tengo atorados esos besos de  arroyo entubado y me imagino todo  garchado en un departamento de Barrio Norte mirando un cuadro de naturaleza muerta que debe tener encima de la cama,  con mi pija descompuesta extrañando lo que alguna vez tuve.
“Otra vez todo lo bueno se te fue” decía uno de los temas de El Mató que había anotado en el celular. Lo sentí sonando en la boca del estómago. Hay que estar atento a la panza, pasa buena data, es más clara que la mente.
Cuando llegamos a la puerta de su casa, volvimos a transar.
A pesar de estar gomoso le dije que groso conocerla, que la había pasado muy bien, que arreglábamos para otro día pero que esa noche no.
Llegué a casa y el vecino estaba de joda con amigos. Imposible dormir.
Me clavé un ibupirac, bajé una botella de agua mineral y me tiré en el piso con las piernas para arriba apoyadas en un estante de la biblioteca.
Con auriculares escuché el disco “ Un Millón de Euros” de punta a punta.





domingo, 4 de diciembre de 2016

Desayuno seco


“No tiene mucho sentido que vayamos si pronostican lluvia”, dice Paula. “Siempre está bueno cambiar de aire”, le contesto con una frase que podría haber usado mi viejo. Después, ella confiesa que en realidad tiene alta resistencia a tomarse días libres, que mejor vamos.
Antes de subir a la autopista, nos agarra un semáforo y vemos que hay un set de filmación: las cámaras apuntan a unos vendedores de flores que tienen un cartel colgado que dice “jazmines 20 pesos”. Pregunto si son actores. Cuando pasamos por al lado, ella dice que obvio que sí, que son unos chetos bárbaros, que cómo no me di cuenta. Me defiendo diciendo que no me daba bien el ángulo.
En la víspera de un fin de semana largo, la ruta está hasta las manos. La bancamos a paso de hombre, nos contamos cosas de la semana.
A mitad de camino, paramos en una estación de servicio a tomar café con leche. Los devolvemos y pedimos que los calienten un poco más. Como dicen los chinos “el agua tibia no sirve para tomar té ni para bañarse”. Ella agrega dos medialunas y yo no pido nada.  Al toque me arrepiento y pido una factura con membrillo.
Me da un poco de cosa llegar, la estamos pasando tan bien en la ruta. Frenar siempre da un poco de cagazo. Aparte, tenemos la sospecha de que puede estar lleno de familias ruidosas con nenes llorando.
Al final demoramos porque las cabañas no están donde dice el GPS. No quiero bajar a preguntar, siempre me da verguenza ser turista y más todavía si es un pueblo de la Provincia de Buenos Aires . Pero como el lugar sigue sin  aparecer, no nos queda otra. Por suerte se ocupa ella.
La casita es bastante pedorra, se escucha a la gente de al lado charlando, parece una familia que se lleva muy bien.
Nos tiramos en la cama, le empiezo a meter mano. Me encanta meterle mano, me encanta su culo y que se acuerde siempre de todo. Más tarde, en una parrilla sobre el río le pregunto quién dijo que cuando las cosas en una pareja arrancan complicadas es muy poco probable que después caminen. Piensa un toque y dice que fue esa amiga del gordo que nos cruzamos en Córdoba. Es lo más.
El mozo que nos atiende es gay. Mientras toma el pedido, un perro negro se acerca y se tira al lado de la mesa. Qué fiesta ser un perro y que te toque vivir en una parrilla al lado del Paraná. En algún momento queremos tener uno y que se llame el Negro Pablo como el personaje de Okupas.
Charlamos un rato sobre lo difícil que debe ser comérsela en un pueblo como Ramallo y sobre gente que conocemos a la que le cuesta salir del placard, debe ser re duro.
La carne está buenísima. En un momento el viento se empieza a sentir,  mientras ella se pone su buzo gris con capucha, una vaquita de San Antonio se posa en mi celular. No hay captura de pantalla para eso.
Pedimos flan mixto y mientras lo cuchareamos inventamos un juego que es adivinar dónde está y qué está haciendo el hijo de Palermo que se llama Ryduan.
Cuando volvemos, vemos que la familia consolidada al final es un grupo de cinco amigas que está haciendo un asado. Se quedan gritando hasta cualquier hora. Tipo una, Paula se acerca con buena onda a pedirles que bajen un poco la voz, pero ni bola. Ella propone buscar algún ruido blanco en el celular, elijo un youtube que se llama “ruido a ventilador para dormir” y con eso la piloteamos. A la mañana me despierto y ella está tapando la ventana con una frazada porque la luz le da  directo en la cara. Me paro, la ayudo y nos volvemos a tirar. No hay chance de dormir con el grupo de amigas desayunando en el jardincito que da a nuestra ventana. Vuelvo a activar el ruido blanco, ella se duerme pero yo no.
Hago un mate y agarro un libro. Se escuchan gritos, esta vez desde el palier de la cabaña de al lado, cogoteo por la ventana para ver quiénes son y veo dos parejas de cincuenta y pico: los hombres hablan de pesca y las mujeres sobre un all inclusive.
En pocos minutos se arma una tormenta descomunal que calma las voces de todo el mundo. Por la ventana se ve el agua cayendo sobre una cancha de voley, los árboles se mueven y de fondo, el río va cargándose de agua.
Se despierta Paula, me abraza y nos quedamos mirando el paisaje un rato. Le ofrezco un mate, me sonríe. Dice que no le gusta dormir con ruido blanco.
Nos tiramos en el sofá a leer. Después de un rato, cortamos unas frutas que trajimos de Buenos Aires.
Nos colgamos leyendo y, en un momento, empieza un ruido violento. Pienso que están cortando el pasto. Ella dice que es un helicóptero. Intentamos pensar que tanta intensidad no puede durar demasiado pero pasan los minutos y el ruido no baja un centímetro.
Salgo al palier y veo a lo lejos, sobre la calle, a un grupo de cinco motos y un auto que dan vueltas en círculo. Me voy acercando, es un juego donde el auto va  haciendo círculos sobre un gran charco de arena y barro mientras las motos se meten en el medio por turnos, algunas hacen willies, otras derrapan y cuando el conductor  se cae, lo tiran al charco donde el resto lo castiga tirándole más barro. Así una y otra vez.
Vuelvo a la cabaña bajo la lluvia, le cuento a Paula de dónde viene el ruido y agarro el celular.  Miro los mensajes. Parece que esta vez no es joda: se murió Fidel Castro.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Poesía de la Fe.




Se pusieron de moda
esos pantalones a cuadros
que mi novia no me deja comprar.                  
Una empleada doméstica
se pierde la oferta:
cuatro mil pesos un sillón
por caminar mirando al piso.
El colectivo viene lleno
lo dejo pasar,
las pintadas del Partido Obrero
convocan a pelear por los despidos.
Ayer
la abuela me dijo que con esa
fueron tres
las veces que me vio en el año
que si se muere
no voy a poder con la culpa.
Llega un 152 con lugar para ir sentado,
a media mañana
todavía hay gente yendo a trabajar,
un oficinista le explica a otro
qué es el súper dulce de leche.
Camino
por la calle Paraná
buscando precios
para estampar la heladera de mi casa.
“No trabajamos ese escudo mugroso” me dice el vendedor
cuando le consulto por el de Boca.
“Puede preguntar en el local de enfrente”
Le digo que muy amable, cruzo y me meto en ese negocio,
Una chica linda aunque con la cara un tanto plana
me confirma que no sólo lo tienen sino que encima
ahí le estamparon el frigobar al Chelo Delgado.
El Chelo eligió: una foto con su esposa en la playa.
Contó que ahora lo nombraron director de un registro de la propiedad automotor.
Seño la compra y coordino el día para que vayan a casa los estampadores.
Se hace la hora del almuerzo:
en Pippo hay panera
un oasis en el medio de la ruculización de la ciudad.
Cuando voy al baño
el mozo me intercepta, me pone contra la barra y me susurra
que los que quieren decretar el fin de las paneras
son de la misma mafia que distribuye facturas con gusto a silla de jardín
en todas las estaciones de servicio.
Repitiendo el pesto, salgo
se nota que el invierno va desarmando su feria.
En poco tiempo
las calles con árboles van a ser el vip de la ciudad
van a ser pocos los que sobrevivan.
Los que tengan fé en las cosas
tienen más chances
de no vivir rodeados de repasadores que no secan.
La fé
es la confianza en la eficacia de gestos rituales.

Y en Flores
ese corazón esotérico
de la patria escéptica
una vez me dijeron:

“que hay que ver al Cristo
detrás del asesino”

“estrechar la mano bien firme
como los hombres de oficios”

“y dejar de decir buen finde
que ese saludo
- ya está comprobado-
nos está llevando a una muerte en vida"

jueves, 13 de octubre de 2016

Fin de año




Hace mil años leí una nota sobre
pibes de la calle que limpiaban vidrios.
Podían soportar que la gente no les diera plata. Pero los sacaba cuando el auto lo manejaba un tipo de la edad de ellos y venía con una chica riéndose. Ellos nunca iban a tener un momento así.

Se lo cuento a Paula
mientras bajo la ventanilla para tirarle
unos mangos al chabón por el lavado a las trompadas
que le metió al vidrio parabrisas de mi auto.
Estamos a la altura de Plaza Italia
cuántos 31 de diciembre más lo estarán esperando
detergente en mano.

El 31 de los limpia vidrios
el 31 de los que tienen familiares internados en el Tornú.
el 31 de los bipolares.
A ver quién recoge el guante y escribe sobre eso?

Nos vemos después de las 12? pregunta Paula
es una noche difícil para coordinar
coincidimos en que mejor VAMOS VIENDO VAMOS HABLANDO.

Ella tiene pileta con amigos
yo, el pequeño departamento de un tío que maneja dos taxis
mi tío es un loco con plan
Buenos Aires está lleno de locos con planes.
Ella va a tomar pepa
yo voy a clavarme diez empanadas de la abuela Celia.

Hace mucho que no paso año nuevo en la ciudad
las horas se hacen de latex.
El 30 la computadora del trabajo me obligó a cambiar de contraseña
pasé de “CarlitosTevez86” a “Aceptaciónyvoluntad”.
Cada tres meses el sistema pide un nuevo password
cada elección demanda compromiso
cada elección es un tatuaje de henna trimestral.

Te confundiste que lo pasás con nosotros? me recibe el tío.
Pinta para una noche de embole
me sirvo en un vaso de plástico la primera dosis de vino
hay una prima segunda que se hizo las tetas
se nota que viene brindando desde temprano
mi primo Jonás ve el flanco abierto y le empieza a decir barbaridades.

La abuela le entra como loca al guacamole y mi vieja la caga a pedos.
Tiene diarrea hace cinco días, en otras palabras, le pide que tenga misericordia con esa salsa.
De la música se ocupa una lista de spotify
mamá me presenta a una tía
me sirvo más vino
es muy cálida y generamos tema de conversación rápido.
Está con el marido que también tiene pinta de copado. Ella se compromete con la charla, sólo se distrae cada tanto, para mirar en qué anda su hijito que es un ángel rubio que no para de caminar y saludar.
Cuando los padres tratan bien a los hijos, los hijos se portan bien, me va a decir mi vieja cuando al día siguiente me llame para asegurarse de que TODOS LA PASAMOS BIEN.

Van a ser las doce
se llenan copas
¿Sidra o espumante? va preguntando mi papá
le digo que parece un azafato de american airlines ¿pollo o carne?
por lo menos estoy haciendo algo, por lo menos no tengo esa cara de nabo, responde.
suena el teléfono, es la parte de la familia que se fue en 2001
mi primo Jonás empieza a leer un ritual psicomágico de Jodorowsky para el año que empieza
ya suenan los petardos, ya estoy borracho, ya es 2016, salud, felicidades, chin chin.
Me acerco a la abuela que quedó adherida a un banquito
no supo o no quiso pararse a brindar.

Entra llamado de Melón
no importa mucho lo que digamos, los dos tenemos la dicción escabiada
nos hicimos amigos en el momento en que uno ya no se hace más amigos.
a pesar de estar los dos sobrepasados de lazos sociales, nos sumamos uno más porque valía la pena
quedamos en vernos más tarde en la fiesta de Palermo, esa en la calle a la que va todo el mundo.

Me voy de lo de mi tío, paso a buscar a La Garza que ya está con Diega y Agus
el plan de la noche arranca en la terraza de Jerry en Vicente López. Parece que organizó una especie de fiesta. Ustedes no vieron al nuevo Jerry, dice Agus, no lo van a reconocer, está flaquísimo.
Llegamos en veinte minutos, la terraza es chica pero está bien. Unas luces navideñas y la luna iluminan lo que lo que necesita ser iluminado. Corre brisa, hay cumbia, chicas.
Si pedís más de la noche del primero andate a Punta del Este.
Lo vemos a Jerry parado hablando con una piba.
Es cierto que no hay rastro de aquella panza, se lo ve tan delgado y estilizado que no parece petiso.
Estás remasterizado le digo a modo de saludo
nos reímos
el chiste funciona porque él es músico
toca la batería en Superchería
una banda del carajo( https://supercheria.bandcamp.com/album/la-naturaleza-de-las-cosas)

Voy a la cocina a buscar vasos
pero hay cero vasos
me pongo la 10
agarro una botella vacía de agua, la corto con un cuchillo, sale un rutero, Fernet y coca sí hay, hay una bocha.
A mi regreso, se sumaron más amigos, están en ronda, dos o tres me comentan un texto que les mandé en la semana. Me dicen las partes que les gustaron, cada uno menciona pasajes distintos.
La Garza cuenta que lo escuchó con Funky de fondo y eso me re emociona
circulan unas flores riquísimas
todo está bien pero detecto que por mi segunda pantalla empieza a deambular una sombra inquieta
siento como si tuviera una mosca en el mono ambiente de mi cabeza
va zumbando más y más
me agarra cagazo de que los chicos no me lean más, que en algún momento ya no les importe lo que escribo, que la escritura deje de funcionar como ese último hombre que me salva las papas en los partidos ásperos.
“I have my poetry and books to protect me” cantaban Simon y Garfunkel (https://www.youtube.com/watch?v=JKlSVNxLB-A)

Me desengancho de la ronda, empiezo a estar pendiente del celular, Paula al final está de pasti.
No se entiende bien si en la casa con pileta o en la fiesta de Palermo.
Hace poco leí que con las mujeres sólo se pueden hacer tres cosas: quererlas, sufrirlas o hacer literatura. La verdad que con Paula no tengo la más puta idea de qué hacer.

Ahora se debate si pasar o no por la fiesta de Palermo.
Agus dice que el cero a cero en la noche de fin de año es negocio.
La Garza que al revés, que arrancar el año conservador sella la suerte de uno mediocre.
Diega marca que hay dos pibas al lado de la parrilla pidiendo que alguien las encare.
Agus gira y dice que tienen cara de militar en Nuevo Encuentro.
Hago un paso atrás para que me de el ángulo y tiene razón, visten unos vestiditos que seguro resisten con aguante.
Desde que los gremios en Morón cantaron “hay que saltar hay que saltar que Nuevo Encuentro no existe más” tuvieron que cambiar el nombre del partido.
Ahora es Resistiendo con Aguante.
Cuál es la diferencia entre resistir y aguantar?
De repente algo define que vamos a la fiesta de Palermo.
VAYAMOS A VER UNOS CULOS, DALE UNOS CULOS A PALERMO. UN CULITO.

Al toque estamos en el auto, maneja otro porque yo estoy de regalo.
Le escribo a Paula que estoy yendo y me responde que ya se fue, que está en la casa, que nos vemos cuando vuelva de Miramar.
Qué pijazo.
Lo leo en voz alta. Y son casi las cinco, me dice Diega. Pero es año nuevo. Pero es tarde. Pero qué mierda. Pero no te enrosques. Pero VAMOS A VER UNOS CULOS UNOS CULOS. UN CULITO.

Llegamos a la fiesta
en el medio de las cervezas, de los parlantes, de la gente
le escribo que la quiero ver
responde que está hecha un despojo humano
(DESPOJO HUMANO)
ya fue, la voy a buscar. Cuando estoy tocando timbre me llama La Garza, se olvidó las llaves en mi auto.

Ella baja, para ser despojo humano está buenísima
recuperamos a los chicos que están mojados por una lluvia que no se entiende de dónde vino.
Son como las siete de la mañana, llevo a cada uno a su casa.
Terminamos con la Garza y Paula en una Shell. Él compra un paquete de pepas y una coca grande. Le devuelvo las llaves y se va a dormir.

Me quedo con Paula mirando un monitor que muestra personas que robaron o hurtaron por la zona. O en la estación de servicio, no queda claro.
Arriba dice “wanted” como en las películas norteamericanas. Cualquiera.
Cualquiera que la empiece a acariciar como si estuviéramos viendo una de Tom Hanks y Meg Ryan.
Ella me dice que la angustia mirar eso, mejor vamos a tu casa.

Dormimos, nos despertamos, dormimos un rato más
cuando abro los ojos esta segunda vez
siento su pelo sobre mi nariz
no se
si después de las vacaciones nos vamos a volver a ver
o si
nos vamos a despedir amablemente y cada uno volverá a sus tareas habituales
o qué
trato de no despertarla cuando me saco su pelo de mi cara pero me muevo demasiado
ella se empieza a desperezar y en su espalda que asoma
por debajo de la sábana
está escrito en indeleble que el 2016 lo empezamos juntos.
Tenemos hambre
solo hay un un lugar que puede estar abierto
estaciones de servicio y año nuevo
un sólo corazón.
El Esso Shopp
es un iceberg
los empleados no lo notan, parecen vampiros del frío.
Café con leche y panini.
La alcanzo a Retiro

Un rato después me manda un audio:
Retiro está hostil
colas para el baño, no se puede cargar el celular, los aires acondicionados no dan abasto.
Se escucha de fondo que se anuncia la salida de un micro
a Buratovich
o a Tres Arroyos
a Oberá quizás.
Quién será la mujer que hace la voz del altoparlante?
cuánto tiempo le habrá llevado grabar los nombres de todas las ciudades?
será feliz?

domingo, 4 de septiembre de 2016

Coto




Una bandada de pájaros geométricos
se deja ver desde el balcón
por última vez.

El lunes
un hipermercado Coto
va a crecer un piso más.
El hormigón cubrirá todo.

Un rato antes, con el sol del
mediodía despedimos el departamento
escuchando música
en los parlantes que traje de aquel viaje.

La banda sonaba mejor que cuando
la fuimos a ver.
Nadie hablaba encima
ni nos empujaba.

Quizás sea un buen momento
para vivir en otros barrios.
Ya lo dijo Bianchi:
los ciclos duran tres años.

Cuando nos estudie
una sociedad de otro planeta
quiero que vea esos cigarrillos
armados que vos hacés.

Hoy compramos una cajita
en el barrio chino para guardarlos.
¿qué lugar irás a elegir para apoyarla
en la nueva casa?

Quizás sea un buen momento
para dejar de ir al microcentro
Evitar esos días
todos iguales.

La cabeza tiene buenas razones
pero las vísceras deciden mejor
porque tienen
la información completa.

La gente que solo la pasa bien los fines de semana
en realidad no la pasa bien los fines de semana.
Me convertí en uno de ellos.

Las campanadas de la Torre de los Ingleses
no convocan a nadie entre tantos auriculares
y bondis apareándose.
Retiro es un Animal Planet urbano.

Me siento un careta
caminando entre
los motoqueros que fumanchean
desde las 9 de la mañana.

Nadie se da cuenta de que hay un perro perdido
en el medio de la calle Florida.
Podríamos adoptarlo para que no siga
dando vueltas
entre las piernas de los tipos que trabajan
de repetir
cambio, cambio, cambio.