miércoles, 20 de julio de 2016

Es hora de buscar lo esencial.


Tengo un grupo de cinco amigos de muchos años con los que nos vemos mucho, pero es muy difícil que podamos coincidir todos. Siempre hay uno o dos que van rotando en sus ausencias. Cosas que pasan cuando se cumplen 30 años y tener tiempo es un anhelo que no sabemos cómo materializar.
Pero, hace un par de fines de semana, conseguimos reunir al grupo completo en la casa de La Garza. Se había comprado una licuadora zarpada así que el plan era hacerla explotar de ron y frutas. Después de unos tragos, fumamos y La Garza empezó a tocar Claro de Luna de Debussy. Armamos una ronda para disfrutarlo más y, cuando terminó, se armó un torneito de dardos.
Después, Capo (tenemos un amigo que se llama “capo” de apodo porque en una época se la pasaba diciendo “qué hacés capo, cómo andás capo”) propuso llevarnos a dar un par de vueltas en auto y de paso buscar algún lugar para cenar. Apuntamos para un bodegón que Diega conocía en Villa Devoto, Capo iba agarrando calles oscurecidas por copas de árboles y su Corsa planeaba como si fuera una golondrina aterrizando en una pileta.
Fuimos hablando de cosas que no duelen y, cuando llegamos, teníamos más ganas de irnos a la mierda y agarrar Panamericana que de sentarnos a morfar. Cada vez llama más la atención esa  expresión “irse a la mierda” cuando curiosamente la mierda es el lugar donde uno está.
Pero bajamos y nos ofrecieron un menú de 250 pesos por persona con picada libre. Los cinco somos muy distintos, sólo millones de coincidencias pueden explicar que hayamos terminado siendo amigos pero de golpe la amistad adquiere cierta lógica cuando en simultáneo, todos entendimos que ni en pedo nos quedábamos a cenar ahí. De la boca de Bily salió la frase de que era gran lugar pero para cenar dentro de treinta años. Regresamos al Corsa Golondrina.
Yo iba en el asiento de atrás, no me sentía tan entregado desde los viajes de pibe a Florianópolis con mis viejos en un Ford Escort sin aire acondicionado.
La calle Cuenca me enganchó con la mirada a través de la ventanilla, haciendo foco en par de familias que salían del cine de un shopping.  Si de uno a diez mis ganas de ser padre siempre oscilaron entre el cero y el uno, Cuenca había girado la manija del termostato a cinco, qué cinco.Sinceridad. Me agarraron unas ganas tremendas de tener ahí nomás a un pibito: llevarlo a ver películas y comprarle gaseosas.
Dimos un par de vueltas más hasta que apareció una parrilla que conocíamos pero había cuarenta minutos de espera. La Garza y Diega estaban en otra bancando mucho cómo había quedado el túnel de Constituyentes y proponían pasar por ahí antes de cualquier comida. Capo, que esa noche parecía haberlo entendido todo antes de que pase, ya había tocado el llavero del auto para hacer sonar la alarma que re abría las puertas del auto. Estábamos muy arriba, de afuera parecía que íbamos a Euro Disney.
No habían vendido humo, el túnel era imponente, tanto, que Diega arrancó con una cantito de cancha y desde el asiento de atrás todos aplaudímos.
A esa altura ya teníamos una lija importante y Capo anunció que estábamos cerca del Carlitos de Vicente Lòpez. De nuevo aplausos.Te voto para presidente, gritó emocionado Esti. La verdad que algo de razón tenía, no se si para presidente pero sí para intendente, o sea el tipo que interpreta las necesidades de un pueblo. Capo había demostrado estar atento a cada una de las cosas que íbamos necesitando en esa noche de verano. Estás chamánico, man le dije, atento como perro de campo. Se ve que lo hiperventilé de metáfora porque pensó que lo estaba descansado así que puso un pendrive en el estéreo e hizo sonar unas cumbias horrible a todo volumen.
Pedimos batatas fritas, papas fritas y un panqueque per cápita. En Carlitos los panqueques tienen nombres de famosos pero la moza se los sabía por número, esa virtud ya le pareció a La Garza motivo suficiente para tirarle onda. Le iba tirando números para que la mina diga los ingredientes de cada uno. Ella estaba divertidísima, es increíble  cómo cuando hay onda hay onda.
Hecho el pedido, conversamos re bien (si se me permite el verbo exagerado) de proyectos, de Messi y de minas hasta que empezamos con el tema de “la tòxica” que es la chica que sale con Diega y ahí medio que se pudrió.
Como en las cenas de noche buena algunas familias vedan la polìtica, nosotros deberíamos hacer lo mismo con la tóxica. Un poco  porque se genera mal clima y otro poco porque hay que ser oficialistas de las novias de los amigos hasta que ellos solitos las empiecen a putear.  Ahí sí uno puede panquequear y decirles que en realidad era una hija de puta que les hacía quilombo para jugar al fútbol los miércoles y que, en definitiva, no los dejaba ser felices.
Así que la cortamos y pedimos la ronda de panqueques de postre, yo compartí con Capo el 594 que era dulce de leche, bocha de helado de crema y nueces. Tranquera.  Y digo
“Tranquera” porque  esa noche estábamos  tratando de cambiar el “tranca” por “tranquera” y si bien es una causa perdida no la quiero entregar así nomás.
Me empezó a agarrar un sueño bárbaro y cuando capo me dejó en casa, el circulante de lípidos en sangre se transformó en un masazo que me tumbó hasta las doce del mediodía.
Cuando me levanté, sentí algo parecido a lo de esos farabutes que dicen que las cosas no terminan de pasarles hasta que van a terapia.
Desayuné sumergido en la incompletitud hasta que me decidí y mandé mensaje al grupo  de wsapp de los chicos: “ linda noche la de ayer, putos”, al toque la respuesta el de Esti: “ groso ver al team completo”.


Qué te pasa me preguntó el lunes Paula, por mensaje
Estoy medio bajo
Qué puedo hacer para que te sientas mejor
Rascarme la cabeza y dejar que te toque un poco el culo.
Nos encontramos en 10 en Plaza de Mayo?
Emoticones de los dos lados. qué bueno que laburamos cerca.


Cuando volvì a la oficina, le mandé que me había hecho bien verla, ella, ya tenía un audio suyo para escuchar.  
A la noche la pasé a buscar y caminamos por Villa Crespo, yo sólo necesitaba eso, que caminemos abrazados.
Eran como las once y media cuando frenamos en Angelito y comimos una milanesa a la napolitana con papas fritas.
Para vos Cuál es el peor castigo del mundo?
En qué sentido.
Cómo te vengarías de alguien que hizo algo malo?
Si fuera un fanático de los rolling stones, lo llevaría después del concierto y lo sentaría para que vea cómo desarman el escenario.
Paula, eligió este castigo:  estar en un boliche sin ganas.
Dimos una vuelta más hasta la esquina de Malabia y Corrientes. Había un local de venta de colchones todo vidriado con luces blancas muy encendidas,se veían como diez camas armadas con almohadoncitos y todo. No estaría bueno entrar una noche acá empepados y dormir en todas?
Cómo me gusta que sea tan drogadicta. Me encanta y me da pánico al mismo tiempo.


Me pregunto si tiene sentido escribir sobre estos temas.
Justo suena el teléfono, es mi abuela y pide una sóla cosa, me lo dice así, UNA SOLA COSA. Qué le compre el libro de enfermedades de Nelson Castro. Por qué querés ese, abu?
Porque me interesa, a quién no le interesa leer sobre enfermedades.
Los 30 vienen con un montón de preguntas, la vida sería más fácil si fuera como los formularios online que uno llena para agarrar wi fi gratis, esos donde uno pone nombre falso, y en el espacio de correo electrónico pija@pija.com.ar. Después navegar tranquilos. Navegar es preciso, vivir no tanto.
Para ganar pareciera que hay que estar dispuesto a bancarse perder. Aceptación paciencia y voluntad. Sobre todo paciencia que es la madre de la voluntad.
Darle a los miedos un abrazo como esos que se les da a una pareja por la que uno todavía siente un montón pero por alguna razón está cortando. Ese abrazo final, sentido, desgarrado. Pero que sirve. Para dejar y ser dejados.

martes, 15 de diciembre de 2015

Transgenia





No te cansás de ser tan linda
Cuando salís a fumar
y a mirar tu celular
mientras, de a sorbitos, bajás una coca light.

Los cadetes del microcentro
pierden el tiempo
cuando te piropean
si supieran que sólo necesitás 
una dosis verbal de fé.

Cuando no trabajás te gusta
ir al gym, andar en bici
nada demasiado estrambótico
me cabe que hayas usado la palabra “estrambótico” alcancé a decir
antes de que me claves esos ojos que te dejaron pasar no se cómo por la triple frontera.

Metiste media sonrisa y volviste a mirar el teléfono para responder mensajes de whatsapp
Y me molestó que quizás estuvieras chateando con el pasado
pero que los teléfonos estén llenos de fantasmas es inevitable, llegando a los 30
el asunto es que no te los estés garchando

Al otro día, exprimo naranjas transgénicas y disparo hacia la calle,
Tomo el subte, La Razón en mano.
Estoy llegando tarde
la relación de dependencia es dañina 

Es una de esas mañanas (en las) que sólo puedo escuchar música con auriculares
pero suena el interno: esto tenía que estar listo para ayer.

Llega la hora del almuerzo, 
todos miserables con sus bolsitas de comida del chino por peso
Te tapa un camión de caudales pero yo se que estás atrás
fumando, con tu Coca, mandando mensajes,
esperando que hoy te invite a tomar algo.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Gingseng





Tipeo con la izquierda
La derecha quedó adherida
A un pedazo de milanesa
Que está nerviosa.
Cómo extraño el kilo para frizar
Que pedía en el negocio que cerró
Después de aquella  fiebre larga.
Voy a tener que preguntarle
A las viejas del barrio dónde comprar
Milanesas porque me gusta escribir comiéndolas.

También me gusta  caminar por Melián fumado
Comprar una Vitamin Wáter
En la estación de servicio al lado del puente
Ir de a sorbitos bajo los árboles
Con aroma a gingseng
Mandar un par de mensajes
Sacarle placas al gato de Superí
Alimentado por un seguridad privada
Y a la vuelta pasar por Tea Conection
Para ver cómo beben té las parejitas

Me puse esta regla
No mirar el celular hasta después del desayuno
Entonces me di cuenta que la pared del cuarto
Tiene una grieta
La examiné  con ojos de detective
Hasta romper la regla
Prendí el celular para mandar un audio
Contándole a Amigo del descubrimiento
Me siento viejo desde que los sábados
Me llega La Nación.

Pero disfruto desplegándolo sobre la mesa
Como hacía mi abuelo
“ lo compro los sábados
Y lo leo enterito, me dura toda la semana”
Decía con algo parecido al orgullo.
Cuando bato el café
Lamento no haber comprado una cafetera
Amigo responde el audio
Clamando que escriba sobre la grieta
Y me manda un abrazo, putazo.

Me consuelo pensando
Que la literatura hay que hacerla
En la vida cotidiana
Como dicen los taoístas
Ser mañanas de sábado que leen el diario
Citar a Abelardo Castillo
En alguna reunión del sindicato
Escribir un comunicado
Que sea como un dardo que sacude
el corazón de los afiliados.

Campera y bajo las escaleras,  piso mierda
Es alarmante la relación veredas- sorete
que padece la Comuna 12
Me encuentro con Diega para ir a la cancha
En realidad vamos a charlar
Porque  cortó con su chica y justo
Está tomando antiobióticos, qué mala leche
que no puede tomar alcohol
porque  cuando uno corta hay que escabiar
La cancha es un espá para el corazón roto

Hay un barra que está muy afónico
Y en musculosa con esta lluvia de julio
Se va a enfermar, se va a perder el próximo partido.
_ Le estamos cantando demasiado a All Boys
_ Es verdad, ya van tres seguidas
Arranca la más mufa de todas: “ para ser campeón hoy hay que ganar”
Estrenamos arquero
Jugó una Libertadores para Nacional de Montevideo
Advierte un viejo y justo nos cobran un penal
El barra afónico nos putea porque no estamos alentando.

Como viene de errar, el 10 patea
Fuerte y al medio, gol y abrazo
Promediando el segundo nos empatan de corner
Bajamos a ver los últimos diez
Pegados al alambrado
Desde la horizontalidad el partido no se entiende
Pero puede, en cambio, apreciarse lo fuerte que se dan
Pelotazo y murra es el  ley motiv de la B Metro
Empatados, el frío amaina por Juan B Justo
La mirada de Diega parece una especie de hambre
Hacemos un asado?

Se enciende la primer  luz en la tarde de Buenos Aires
Decía Cortázar, cómo no ser melancólico
A las 6 de la tarde en invierno en Buenos Aires
Cómo no serlo
En esta época en que la gente ya no quiere ir asados
sino armar grupos de whatsapp.

miércoles, 22 de julio de 2015

Retreta del Desierto




I.
“Radio noticias del plata, siempre primero y mejor” era  la banda de sonido de la casa de los abuelos.  A cada hora, la radio gris llena de migas nos recordaba que estaba encendida a través de ese ruidoso separador de AM que se esparcía por la pequeña cocina integrada al living y se mezclaba, según el momento, con el chasquido de las milanesas fritándose al comando de abuela,  con los ronquidos de abuelo que se quedaba dormido leyendo La Nación (yo lo compro el sábado y lo leo enterito, me dura toda la semana, decía con algo que se parecía a  orgullo) o con mi aburrimiento corporal, mistura de los 35 grados del verano sumados a la tortilla de papas que había sido ofrecida de segundo plato (y que un nieto no puede rechazar)
Abuelo, como buen radical, murió pidiendo más inversión en el presupuesto educativo de la Provincia. En Vicente López votaba siempre al japonés García, intendente de reelecciones indefinidas que lo invitaba una vez por año a un asado monumental en el club de jubilados. Práctica peronista para un radical histórico, de los primeros en esquiar sobre el escuálido hielo del radicalismo k. Ahora parece que Scioli lo quiere resucitar para competirle a Jorge Macri. Abuelo fumaría un le mans suave corto en la vereda, con la mirada hundida un poco en el barro de los campos de su Córdoba natal y otro, en la desierta calle de Florida que había elegido para su vida de casado. En un día de agite, a lo sumo saludaría al vigilante y al armenio que tenía un local en Avenida Cabildo. Stolbizer para presidenta, García para intendente, qué difícil explicarle cómo hacer ese corte de boleta.
II.
Quince años después, el separador del noticiero de  Radio del Plata es “siempre antes”.  Informar mejor ya no importa. Llegar primero tampoco, ahora la jugada es de anticipación. La noticia se fábrica antes del hecho (“siempre antes”), la verdad se construye independientemente de si los acontecimientos suceden o no. No hay tiempo ni lugar para la fé de erratas, disparamos tuits (un puñado son bellos), la información va en espiral como la parte baja del demonio de Tasmania cuando acelera y los teléfonos celulares al palo generan un ruido blanco implacable, hay que estar muy fino para salir airoso.
Lyotard, que por la manera de anticipar podría haber jugado de stopper, en la “condición posmoderna” de fines de los años setenta hablaba de la imposibilidad de poner freno al flujo informativo. Un ejemplo claro puede verse en que desde hace un par de meses, youtube incorporó que cuando termina un videíto, automáticamente opera un algoritmo que te manda a otro que es pariente. Lo curioso es que no pasara antes: habrá habido un grupo de castores que desviaron el cauce del río lo que pudieron. Quiénes hayan sido, finalmente tuvieron que  aflojar la muñeca en una pulseada que siempre estuvo perdida. Lyotard.
III.
Viajamos a Río Negro para las elecciones a gobernador. Los diarios de tirada nacional dicen que Pichetto, para ganar, tiene que conseguir el voto peronista. Pero cuesta encontrarlo mientras recorremos el Alto Valle, en una provincia donde el radicalismo subsiste y tiene rasgos curiosamente peronistas.
Entramos a la unidad de básica de un pueblo recostado sobre la ruta nacional 22, un grupo de militantes nos esperan,  están todos con campera y las manos en los bolsillos, circula un mate con mucho azúcar. El objetivo es dar una capacitación para los  fiscales de mesa, tenemos que ser claros porque el domingo el asunto se define voto a voto contra el gobernador actual, el  que fuera vice del difunto gringo Soria y ahora tiene una chequera generosa  que reparte petropesos a un ritmo que  da calambre.
La de Soria, es una historia conocida en Buenos Aires: recién electo como gobernador, pasó la calurosa noche de año nuevo junto a su  familia en la chacra  que tenían en General Roca.  No faltaba mucho para que amaneciera, cuando decidió meterse un rato en la pileta. Su esposa se quedó en la cocina, juntó los platos y empezó a lavarlos a pesar de que al otro día venía la empleada. Un rato después, tomó un revólver calibre 38 marca “Smith & Wesson” y le disparó a su marido en la cara,  la bala entró por el pómulo izquierdo y se alojó en el cerebro.
IV.
Voy en micro desde Río Negro a  Nequén  capital para tomarme el avión de regreso. Pienso que hace mil años un compañero me dijo  que dedicarse a la política es destinar todo el tiempo que pasarías  en tu casa deprimido  a estar con  gente.
Sabés lo que significa “cuando el fuego crezca quiero estar ahí” me preguntó otro compañero en una fiesta de la época del regreso de la política como herramienta de transformación mientras estallaba “Yo Canibal” de Los Redondos.
En el asiento de al lado, un padre lleva a su hijito alzado, se va quedando dormido hasta que se le cierran los ojos y la cabeza que le quedó colgando se le apoya contra el vidrio.  La imagen me corre como un anestésico y recién me despierto en el  límite provincial. Hay que bajarse y cruzar caminando un puente porque hay  piquete de productores agropecuarios. Esa misma tarde van a levantarlo  para que lo facture el gobernador reelecto.
El gobierno nacional echó leña al fuego de un conflicto provincial en la semana previa a las elecciones en ese distrito. Qué cruel es la política, si te tienen que sacrificar, por más bien que hayas hecho las cosas, lo van a hacer. El cuchillo es muy filoso.

miércoles, 16 de abril de 2014

Debutar II




Doy con la puerta de la casa pero paso de largo caminando hasta la esquina. Ensayo media vuelta manzana cosa de no llegar ni un minuto antes. Vuelvo sobre mis pasos, siento los nervios del debut. Debutar a los 28.
Miro el timbre, es uno de esos antiguos, botón blanco grandote rodeado de una carcasa. Si    lo pienso nunca voy a entrar, intento poner la mente en blanco, escucho el ring sonando adentro, un ruidito de llaves, hola! hola! y ya estoy en el pasillo, el túnel por el cual entra un equipo chico a jugar un partido al que nunca lo invitaron.
La tercera puerta,a la izquierda. Subo la escalera caracol medio de costado porque en los escalones no caben dos pies, con la mochila voy matando la enredadera contra la pared.
Se abre una puerta de vidrio y veo dos chicas de esas que tiene el facebook lleno de fotos con pobres y pinturas. Están acostadas en el piso con las piernas apoyadas en la pared.
Qué boludo, cómo me puse tanto talco. Está esparcido pero no deja de dibujar un caminito como el de Hansel y Gretel, que lleva hacia la colchoneta que me tocó revelando mi total culpabilidad. Cero relación con el talco a lo largo de mi vida, absurdo innovar el día del debut, mejor tener olor a pata que ensuciar rodeo ajeno. Mejor tendría que haber comprado desodorante. Porque  lo que sí tengo es olor a chivo. La veo pasar, cuando dicen que hay que exhalar ya no tengo aire, me confundo izquierda con derecha, chivo más todavía y al final  hasta  me cuesta la diferencia entre codos y hombros.
Arrancar yoga fue lo más estresante que me pasó en mucho  tiempo. Ni bien salgo, llamo a ese amigo espiritual que todos tenemos (el que viajó a India) para reprocharle lo verga que es esta gimnasia. Lo engancho en pleno trance ayurbédico, me dice que tendría que ir a un lugar que es el mejor con él, le respondo en formato Sainfeld, sostengo que todos siempre tienen el mejor médico, el mejor gurú, que cómo puede ser que nadie tenga al peor habiendo tantos chantas dando vueltas. Se ríe sobriamente y cita un viejo dicho hindú “el maestro aparece cuando el alumno está preparado”
Lo mando a la concha de su hermana, arreglamos para armar un asado en casa el fin de semana, con verduras para él, claro y casi cuando está cortando agrega que el día anterior buscó en google “León Gieco careta” y le aparecieron un montón de cosas.
La semana siguiente voy munido de un paquete de esas toallitas para bebés. “Te garantizas no tener olor a pata sin el despliegue del talco”, me recomendó con precisión una compañera de trabajo con bastante yoga encima.
No tardo mucho en darme cuenta que esta vez es el temita pasa porque tomé un par de mates de más a la tarde y ando medio en situación propicia para “tres letras, fluido aeriforme” como dicen los crucigramas (gas, anota en los casilleros el tipo que los completa en el subte sin levantar una sóla vez lla mirada desde Alem a Juan Manuel de Rosas)
Cuestión de aguantar, de no relajar demasiado nunca y menos que menos en la relajación final en la que están todos callados.
El grupo es chico, están las mismas dos chicas de la vez pasada más una tercera de mediana edad. Si pudiera elegir,  firmaba un grupo de jubiladas, de esos de la Municipalidad de Vicente López que organizan viajes a las termas de agua salada en San Clemente del Tuyú. En general pego buena onda con las viejas y es aparte bastante normal que se tiren pedos.
En el asado con verduras, mi amigo espiritual asegura que para pasarla mejor hay que tener más fé en las cosas. Otro amigo agrega que no tiene nada fe en las chilenas, que son como el agua del mar de su país, parece lindo, te dan ganas de meterte pero después te cagás de frío y la pasás pésimo.
                                                                                                         
A la tercer clase re contra falto.

La cuarta ya me agarra con el otoño estricto de Buenos Aires y su cambio de clima tan elocuente, como queriendo aportar toda la seguridad jurídica que los especialistas pregonan. Me pesa el bolsillo de tantas carilinas que se fueron acumulando.
Si es difícil hacer vida normal con mocos, yoga es directamente una pesadilla. Estás muy duro, me  reprocha la profesora. “Obvio que estoy duro, para eso vengo acá” quiero responderle antes de que una cadena de estornudos deje afuera cualquier intervención semántica por un minuto largo. “Fui al centro en subte, laburé, volví en subte, no me paso el día  en este PH de  Palermo tomando te verde”, pienso que debería haberle dicho, ya en mi casa antes de irme a dormir bastante contracturado mientras intento inspirar hacia el entrecejo.
Me dejo lugar en el estómago para una cuarta y hasta quinta clase. Creo que está bien eso de  tener más fe en las cosas. En estas clases, en lo que tocamos. Atribuirle cierta responsabilidad a la sustancia.
No hace falta bajonear arroz integral sin queso rallado para poder vivir un poco mejor, sí aflojar un poco con la ironía porque que si nos pasamos de rosca hay riesgo de hiperventilación.

Y tener más fe en las cosas, porque la gran mayoría somos “carentes de recursos” como grita un viejo de la popular de Atlanta a propios y ajenos los sábados cuando cae el sol en Villa Crespo. 

viernes, 28 de febrero de 2014

Sobre los premios Oscar


Qué añito el 2013 que me tuvo bien lejos del cine pero volviendo a ver a Atlanta.
Forest, Corientes, dejar el auto en Darwin y en cinco minutos ya estoy en la popular del equipo marechaliano. “señores yo soy de Atlanta de Villa Crespo, barrio de borrachos y faloperos” Alto mantra para ir relajándose mientras asoma la tormenta por el lado de Juan B. Justo. Los autos del estacionamiento se van poniendo en remojo y como la hice bien, clavo piloto de lluvia para contemplar el horizonte de la tribuna visitante, sin más público que un puñado de inconscientes familiares y dirigentes que todavía se animan a venir.
Estuve por ir a ver el Lobo de Wall Street en Rio de Janeiro. Hacer la del cine de vacaciones en otra ciudad.  Ya me veía en el bondi ese rumbo a la función de las 23 en Leblón, a toda velocidad, golpeándome el estómago contra el piso, venciendo la resistencia de un molinete insólito, agarrándome de los caños chivados, tirando una danza rota para no caerme. La predisposición a la samba carioca no es genética, son esos colectivos, para  sobrevivir tenés que saber bailar desde chiquito.
Pero nos cruzamos en esa Plaza de Flamengo, yo te dije que Los Smiths eran particularmente valorados en Argentina y Brasil y fue lo único, porque a partir de ahí, todo ella (vocé).
Al otro día leí en la playa “El Cielo Protector” de Paul Bowles, una linda edición pero se ve que justo habían despedido al vago que hacía las contratapas “es una novela llena de magia y embriaguez, es la más conocida del autor y fue llevada al cine por Bernardo Bertolucci”
Cuando volví pregunté si la película valía la pena y Negro Bonaudo me dijo que sí, que valía, la bajé y está a la espera mientras escucho sin parar “La La La” de Spinetta y Páez.



En “La La La”, Spinetta funciona como un garante de Fito, custodia que no se mande grandes cagadas. Usted es bueno, jóven, tiene unas temas bárbaros, por eso lo acompaño, le produzco el disco, meto un par de canciones mías, canto de fondo en las suyas, porque si no, puede echar todo a perder.
El regreso de Río de Janeiro es preocupante: me encuentra manejando a una mano sin mirar a los costados e  impostando la voz del flaco mientras Nico me escucha. Me entusiasmo: Spinetta  blindaba a Fito, entendés, el sólo hecho de que estuviera vivo le implicaba un freno,  fíjate el  bajón compositivo que tuvo durante su agonía y cómo ahora que se fue directamente no puede componer.
Nico me deja terminar y como su manera de bancar es cambiar de tema me responde que tengo que ver la última de Lars von Trier, Nynphomaniac, que la mire a pesar de que Télam salió a pegarle fuerte y que cómo jode que el  kirchernismo arruine esas cosas.  Me  hace acordar que sí vi una película el año pasado, con él, era un documental sobre Agustín Tosco, nos había gustado.
Cómo cuesta escribir sobre el amor de verano cuando estamos grandes, menos mal que estamos hablando sobre los premios Oscar.
Quiero ir a buscarte a Ezeiza, llegar bien sobre la hora, tarde en realidad, así no tengo que esperarte sentado y pensar demasiado.  ¿O termino tomando esos cafés de cincuenta mangos porque el avión tuvo un problema en la escala en Curitiba? Que sea raro al principio pero que vayamos a cine, la que vos quieras, Lars Von Trier, el Lobo de Wall Street, Un Argentino en Nueva York.
Cómo cuesta escribir sobre  amor  cuando estamos grandes. Lo logro, de a ratos, si pongo un partido del calcio italiano  de fondo.



sábado, 4 de enero de 2014

Para Orgía de Egresados


http://orgiadeprimavera.tumblr.com/

Todo pasó rapidísimo desde el final de la secundaria hasta hoy que llega el evento de facebook  para organizar el reencuentro de los diez años.
Cinco a cuatro le gané al “Pollo” durante la fiesta de egresados en el “a ver quién se transa más minas”. Él siempre dijo que el partido salió al revés. En realidad ganamos los dos porque esa competencia final nos hacía olvidar del cagazo que teníamos de arrancar la vida en serio.
Repudiable el C.B.C. porque me tocó cursar los sábados al mediodía impregnado de olor a torta paraguaya que venía de la estación de tren. Hace poco me enteré que para la gente que viene del interior, las amistades que se generan ese año son importantes, las que quedan para toda la vida. Aquel dos mil cuatro casi se me va habiendo perdido a un amigo que tengo desde el jardín de infantes.
A los veinticinco arrancás con el tema récords, como tener un año entero malo, y los quilombos ganan estabilidad. Después, cada uno tiene su método a la hora de excretar la última cuota de sentimiento adolescente: el recital del que vengo recién tiene pinta de ser el mío.
Por suerte Toto, “un amigo de la facu” tiene esa linda idea de que no se pueden hacer cuadros sinópticos con la vida de las personas. Suficiente para celebrar y refutarme. También está bueno soñar algo copado de noche porque si bien no implica que eso se vaya a hacer realidad sí quiere decir que existe en alguna parte.
Vengo de ver una banda de reggae brasilera en el Vorterix de Lacroze y Álvarez Thomas, el mismo lugar donde le gané cinco a cuatro al “Pollo” en la fiesta de egresados. En ese momento se llamaba El Teatro, como si no hubiéramos sabido en ese momento que arrancaba la función.