martes, 27 de noviembre de 2007

Botas de lluvia


No sé si fue en las enrojecidas vísceras de mi aparato digestivo o en el armario del cuarto donde las encontré. Pero lo importante es que allí estaban. Sentí que habían aguardado por mucho tiempo con la paciencia propia del que sabe esperar. Me miraban con sonrisa tímida, como de niñas perdidas en un gran supermercado a las que reclama un altavoz chillón por denuncia de la madre. Eran de color amarillo patito y estaban limpísimas. Un par de botas de lluvia.
Intenté recordar cuándo había sido la última vez que había calzado botas, probablemente en algún campamento del primario. Me di cuenta que hacía largo rato que no veía a nadie usándolas, ni siquiera a los niños ¿Es que ya nadie usa botas? Quizás esto en alguna medida ayude a entender la sociedad que tenemos. Qué sociedad se puede dar el lujo de prescindir de semejante artilugio. Pocas aspiraciones tendrá cualquier cuerpo social si prescinde sin más de este maravilloso calzado. Cierta frase que escuché a un sociólogo de segunda línea ilustra a la perfección la cuestión esta de las botas: ...“El abandono de ciertos símbolos utilitarios no trae sino consecuencias nefastas como la desidia con respecto a la idea de democracia y el socavamiento de la cultura del trabajo”...
Yo que tuve una formación más pasional que académica, agregaría : ¿Es que ya no nos interesa chapotear en las veredas sin miedo, con la impunidad de un animal en la selva?
¿No queremos correr por plazas desiertas bajo una tenue lluvia enredando nuestros pies en capas de ramas y agua barrosa mientras las gotas nos engominan el pelo?
Ensuciarnos, enchastrarnos, pisar mierda, fundirnos en la mierda, hacer mierda todo. Creo que sin las botas de lluvias nada de esto es posible.
La bota como herramienta emancipadora, como portal hacia la liberación, la visa para salir de este polígono de fuego. La bota como usina generadora de momentos bellos. Belleza sutil, como el gusto a té verde de tus besos.
Sin embargo activo el mecanismo más sencillo: tratar de olvidar todo este tema de las malditas botas de lluvia. Me fijo como va Ferro, me cocino unas salchichas y ojeo una revista. Por la ventana se filtra el tango que escucha Alberto, mi vecino medio sordo y jubilado del segundo ¿ Por qué será que no logro juntar la fuerza suficiente como para abrir el placard y sacar de una vez las botas?

4 comentarios:

Snobbr Beta dijo...

Cuidado Tomi, porque hay botas que no son lo que parecen, hay unas botas oscuras, con cordones, que te pueden pisar, y hay gente que, aún hoy, se divierten y regocija con eso, también hay gente que dice que las botas no fueron olvidadas, no estás sólo.
También hay una relectura funcionalista de las botas, cuando las empresas constructoras internacionales le dan a los obreros sanjuaninos unas botas amarillas con tiritas naranjas, un casco amarillo y un chaleco, que lo deja más indefenso que antes, pero cumple con las regulaciones de la UOCRA.

"Ni botas ni votos" se lee por ahí, hay una conspiración anarquista en contra de las botas, cuidado, Tomi, ciudado, no salgas a la calle con botas.
Sino fijate en el planetario, que está el gato con botas, pero ahora tiene pistola.

CresceNet dijo...

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Camila Antonella dijo...

TOmi, ...si queres cuando termine de rendir Armonía, te acompaño a chapotear,que divertido!!! y si ya no nos quedan las botas(las mías tb eran amarillas je) iventamos nuevos zapatos...lo importante es seguir chapoteando no?

Un Abrazo

Canella (Cami!)

Nina dijo...

Me gusta mucho... me gusta el tema social, de seguir a las masas o no, que se plantea... me gusta que se trate de algo tan simple como botas.... me gusta que aluda a la infancia; a leerlo me imaginaba al narrador mirando las botas y recordandose a si mismo pequeño, muy abrigado, jugando en una plaza mientras llueve, embarranose sin importar nada y sobre todo feliz... porque jugar con las lluvia es una de esas cosas simples de la vida que nos pueden sacar sonrisas... ¿Por qué perdernos eso?
felicitaciones
saludos
nina